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sábado, 4 de agosto de 2012

¿Ciudad Paranoica o Paranoica en la Ciudad?

Más y más de mis fobias…
Aunque esta nota suene a mala onda, hay una cuota de humor en las situaciones que a diario padecemos los que vivimos en las grandes ciudades donde la “sensación de inseguridad” es una realidad concreta. Y si yo puedo reirme de mis propias desgracias, ¡vos también!
Escena #1- La persecuta: Estoy en mi departamentito. Suena el timbre. Desde el portero eléctrico  se anuncia mi madre. Unos pisos después toca el timbre a mi puerta. Y yo acostumbrada a estar con el culo en la mano por miedo a los chorros, miro por la mirilla. ¿Soy o me hago? Pero más importante que esa pregunta, es: si veo a mi vieja encañonada por un extraño, ¿le abro la puerta? Realmente me da miedo mi propia respuesta.
Escena #2- La persecuta 2: Todo extraño que camina por la calle, en el supermercado, colectivo, subte, restaurant y etcétera, es un potencial asesino, violador, ladrón o secuestrador para trata de blancas. No es joda. No exagero. A todos los miro con cara de pocos amigos. Todos son unos soretes delincuentes que solo están allí para cagarme la vida y mi paz. ¡Vos también! ¿Me preguntás la hora en la calle? ¡Andate a la mierda, chorro asesino! ¿Una señora de 95 años desdentada me pide un peso para el bondi? ¡Váyase a cagar, robadora de órganos! En esta ciudad un nenito de 5 años puede tener una sevillana en el bolsillo mientras te hace el entre pidiéndote que le compres una Cindor. ¡Estos pibitos son Billy The kid! 
Escena #3- Facilitando el delito: Otra cosa que trajo la tecnología, a la que ya saben repudio con todo mi ser, es la distracción vía mensaje de texto, feibu y twitter. No sólo ostentamos nuestros Smartphones en la calle y medios de transporte sino que además nos exponemos a un secuestro express por estar boludeando con un mensajito de texto: “Llego a ksa y t parto como a 1 keso” ¡y ñácate! En medio segundo estás adentro de una combi blanca con destino a un prostíbulo en Salta, vestida con portaligas de encaje rojo. Y no creas que por ser varón no te puede pasar.
Escena #4- Los pendejos presos: yo salgo a pasear con mi sobrina y la paso para el ojete. Es la verdad. Estoy todo el tiempo mirando para todos los costados, por miedo a que me la roben. La plaza es un espacio absolutamente propicio para que te secuestren al pibe. Ni hablar del shopping un domingo a las 4 de la tarde en plenas vacaciones de invierno. Yo la llevo con correa de perro. Falta que le cuelgue la chapita con el nombre y mis datos para su devolución, y se convierte en mi mascota perfecta. En la calle me miran con cara de culo, como si fuera una tía maltratadora, pero a mí no me roban a la nena. ¿Tenés un problema con esto? Llamá al 0800-CHUPALA. Te atiende Candela.
Escena #5- Infelices serán mis hijos: yo pienso que la edad apropiada para dejar que mis futuros hijos caminen solos por la calle, es 25. Sí, es que hoy día tener hijos en esta ciudad es autocondenarse a una cadena perpetua de 25 años de llevarlos y traerlos a todas partes. “No recibas golosinas de extraños”, “no hables con desconocidos”, “no me sueltes la mano al cruzar”, “no mires a ese señor a los ojos”, etc. O sea... no pueden viajar en bondi ni en remisse, mucho menos ir solos en bici al colegio porque hay extraños en todas partes. Y ni te digo lo que me cuesta pensar en dejar a mis futuros pibes con una maestra, porque en definitiva, es una perfecta extraña que puede desaparecer con ellos en un santiamén. Es muy probable que mis hijos estudien en mi casa conmigo.
Escena #6- Seductor con terceras intenciones: un mushasho me mira, sé que tiene segundas intenciones  y eso quiero! Le sigo el juego, miradita va, sacudidita de pelo viene, me trae un trago, lo acepto, charlamos, chapamos y me dice de ir a su casa… me siento medio pelotuda pero pienso que es el éxtasis de conseguir un tipo que por fin me dé bola. E inmediatamente me espabilo y pienso "este tipo me puso una droga en el trago y mañana puedo despertarme en su bañera con un riñón menos". Por eso estoy soltera, lo sé. Pero es que todo hoy es un peligro, y más si siempre tu idische mame te advierte por teléfono de las nuevas prácticas delincuentes producto de un levante mal hecho. Ésta es una ciudad de locos y todo puede ocurrir. Mejor me hago monja, que sin dudas en el convento encuentro sexo seguro con el curita.
Escena #7- Los temores que transmite el feibuk:
  • No te sientes en el cine porque los chorros dejan agujas infectadas con hiv. Ok, compro la entrada y me siento en la escalera con mis anteojos 3D y el balde de pochoclo. Super normal.
  • No aceptes volantes de la calle porque contienen sustancias venenosas que al contacto con tu piel, te dejan inconsciente y te despertás en China.
  • No viajes en subte porque un extraño tocó a una chica con sustancia que provoca desmayos y se hizo pasar por su novio y la secuestró (ésta en realidad me la transmitió mi hermana-actual idische mame de sus hijos).
  • No lleves la basura al container porque un chorro sale de adentro y te roba las zapatillas.
  • No vayas a la facultad de psicología porque allí secuestran mujeres para prostituirlas.
  • No le abras al chabón del delivery de pizza porque entra a tu casa y te empoma.
  • No tengas sexo con extraños porque pinchan el forro en el baño y te embarazan de prepo y andá saber qué sputza te contagian.
De todo esto, concluyo: no hay que usar celulares-ni tener hijos-ni salir a trabajar-ni pedir delivery-ni ir al cine-ni sacar la basura-ni estudiar-ni levantarte un tipo en la calle-ni tener sexo casual. ¡Me cago en la Gran Ciudad!

PD: La escena #6 es absolutamente ficticia.



viernes, 20 de abril de 2012

Viví la Aventura: subite al subte porteño

Viajar en el Subte Porteño es toda una aventura. Como turista. Ahora… ser porteño y estar condenado a viajar día a día en el subte, es un verdadero castigo. Ser argentino duele. Y ser porteño, más.
En primer lugar, atravesar las puertas del subte en verano provoca un acto reflejo: el tufo a ser humano concentrado lleva tu cuerpo imperceptiblemente hacia atrás en un intento de resistirse a lo que lo estás sometiendo. Es que el desodorante y la ducha diaria no son prácticas habituales de algunas personas y en pleno verano es cuando más se nota.
El efecto sardina que pega tu cuerpo a los cuerpos ajenos, te permite experimentar sensaciones nunca antes vividas: sentís la calidez humana, su piel, su aliento. ¡Todas cosas que detesto! ¡Bañate, viejo! ¡Lavate la cabeza! ¡Usá Colgate Total 12, loco! 

contacto cuerpo a cuerpo
brazo atraviesa cerebro ajeno

Yo entiendo que en el verano la temperatura del subte es como de 50 grados, pero no da que los hombres vayan en camiseta y voy a explicar el por qué: si no consigue asiento, el susodicho debe viajar, obviamente, parado. Un acto natural entonces para acompañar los vaivenes del transporte es subir su brazo y tomarse de las agarraderas. ¿Y qué ocurre? ¡Vemos su chivo! ¡Eso no es sexy! ¿Alguna mujer le dijo a un hombre que es sexy el pelambre de su axila? No. Entonces, ¿por qué lo exhiben con tanto orgullo? No entiendo… ¿Hay alguna equivalencia del tipo ´cuanto más pelo tiene la axila, más grande el miembro viril´?

Por mi parte, como mido 1,56 m y no llego a las agarraderas, no me queda otra opción que dejarme sostener por los cuerpos ajenos y ejerzo el “hay que apechugar y bancársela”. No me gusta el contacto de mi piel con otra piel en el pequeño espacio de un subte sobrepoblado, tengo un leve OCD (TOC, en español). Siento en mis poros el mal olor popular compartido, que resulta de la convivencia fortuita con personas NN. ¿Queda mal tirarle perfume al de al lado? Recién bañada y perfumada, siento las gotitas de sudor rodar por mi cuerpo y estoy lista para volver a ducharme donde sea.

Y luego de un tiempo de investigación, traigo para ustedes Los Infaltables: personajes del subte que le dan color a la aventura. A continuación, el detalle:
  • Los D.A. (Depravados Anónimos). En esta categoría tenemos unos cuantos con perversiones distintas.
o   Está el rozador, aquel que disfruta con pasar una parte de su cuerpo por la tuya, como quien no quiere la cosa. Y se hace el gil escudándose en el poco espacio que hay.
o   Luego tenemos al apoyador, creo que no hacen falta las explicaciones, pero por las dudas: una siente algo en ese espacio maravilloso que tenemos las mujeres por encima de nuestro trasero, donde muchas tienen un tattoo (es que como soy petisa, los paquetes ajenos me llegan a esa altura). No sabemos si es una valija, una linterna, o si el señor está alzado. Pero como no podemos movernos para comprobar qué es, nos quedamos piolas y silbamos bajito.
o   El contactador. A este señor le gusta sentarse a tu lado aunque haya todo un banco de asientos libres. Vos te movés hacia la izquierda, él también. ¿No entiende que si te movés no es para que él se mueva también? ¿Qué tiene el latino que necesita tanto contacto humano? Él disfruta de tu cuerpo, el contacto de tu ropa, tu perfume. Y se hace la fantasía de poseerte en el subte, allí frente a todos. Luego te das por vencida, y te cambiás de asiento y la misma dinámica comienza con la pobre mujer que se sienta a su lado.
  • En la esquina del subte suele sentarse el oloroso sin causa. Al principio imperceptible pero luego penetra tus narinas. El señor huele a orina, a chivo o simplemente a humano que no se duchó en una semana entera. Es preferible viajar parado, lejos de él, que disfrutar del alivio del asiento.
  • Los músicos de alma. Ellos van con sus auriculares en sus oídos pero nos dan un show por el que no pasan la gorra: cantan en voz alta para todos. No importa si afinan o no, ellos comparten el amor por la música. Y el otro, el cumbiero sin causa, que en plena mañana te clava una cumbia con su radio portátil a todo volumen. Y es allí donde mi instinto asesino aparece (y me preocupa).
  • Estos son personajes con los que me fui encontrando durante estos meses de investigación y para los que aporto pruebas irrefutables:
o   el levanta quiniela: lleva una libretita inentendible con códigos y números y vigila de reojo que no estés mirando. Pero claro, no cuenta conmigo y mis estrategias sacafoto en lugares públicos.
o   el pianista: él escucha música, pero no canta. No. Toca el piano. Un piano invisible que sólo él conoce y puede ver. Sus dedos vuelan y se mueven al ritmo de la música. Y tocan una melodía maravillosa (no te pierdas el video). En esta misma categoría tenemos al air guitar,  pero no tuve la suerte de poder filmarlo.

  • Y por último, el roba asientos descarado. Y aquí incluyo a los hombres. En el pasado, este accionar correspondía sólo a las viejas chotas que corrían desde la otra punta del subte hasta el asiento que veían desocuparse. Pero ahora, los hombres han perdido toda caballerosidad y luchan por el tan preciado lugar a la par de las mujeres. Esto es una selva, señoras y señores, y yo también tuve que aprender. Me volví una capa robando asientos. La clave es: “si usted quiere robar un asiento, no mire a los ojos a quien le está robando. No quiera alimentar su placer viendo la cara de culo del asaltado, no quiera regocijarse con el dolor ajeno o con la victoria de un hurto del que salió sin culpa y cargo. Robe sin mirar atrás y disfrute de su asiento”. 


domingo, 15 de abril de 2012

Mi Primera Vez en El Monumental

Esta nota fue publicada en el Diario Olé, aquí.

Sábado 15 de Abril de 2012
El camino desde Olé hasta El Monumental nos llevó por el Río de la Plata color caca y con veleritos blancos en el horizonte. El panorama y el pronóstico de lluvia aventuraban un partido de mierda. Tampoco ayudó nuestro remisero, que entrado en años, sordo y medio chicato esquivaba los autos como si estuviéramos en los autitos chocadores del Italpark. “Esto viene jodido, lo sé”, pensé.
Llegamos al estadio millonario: pisos alfombrados, paredes impecablemente pintadas y butacas vestidas de pana para los ricachones. Ah, bueno, acá hay tarasca, parece. Con mi compañera de ocasión, Verónica Drygailo, visitamos las cabinas de radio donde los señores, armados con sus micrófonos y walkie talkie tecnológicos, nos recibieron con aroma a hombre. Concentrado.

Llegamos justito, a 5 minutos de comenzar el partido. La cancha estaba al 80% de su capacidad: casi 50.000 personas vestidas de rojo y blanco concentradas en las gradas, cantando a una sola voz, esperando a sus ídolos entrar por las mangas mágicas del estadio. Hay que buscar dorima acá, chicas.

El locutor comenzó a indicar el número de camiseta para cada jugador y la hinchada enloqueció al nombre de Trezeguet. Yo le doy 3 Tangas, en mi escala del 1 al 5. Estaba sentada tan cerca de los jugadores que podría haber tocado ese maravilloso y duro trasero de Cavenaghi, pero no me animé. Un par de partidos más ¡y no respondo de mí!

El plantel de River hizo su aparición y su hinchada, fiel y seguidora en la desgracia, le dio la bienvenida con gritos, platilllos y papelitos. Medio amarrete el papel picado, comparado con la explosión de La Bombonera. A ver si te ponés con unos morlacos más, Pasarella. ¿No son millonarios, acaso?
Huracán apareció en la cancha y la hinchada le chifló como si fuera el Anticristo. Vestidos de blanco, más que futbolistas parecían heladeros. Cero sentido de la moda estos pibes.
La verdad es que el primer tiempo fue más aburrido que chupar un clavo. En el entretiempo me fui a morfar, como no podía ser de otra manera. Al mejor estilo Millonario, mi hamburguesa vino envuelta en papel metálico, todo muy higiénico. E insípido. Nada que ver con la hamburguesa roñosa de La Bombonera, entregada en mano mugrienta por el vendedor, pero deliciosa como la puta madre. Esta hamburguesa, como el partido, tenía gusto a nada. Prefiero la roña de Boca con sabor a pimienta y gol. ¡Pongan huevo, muchachos! ¡Dejen un cacho la corrección y métanse en el fango!

13 minutos después del segundo tiempo llegó el primer gol – aunque en contra. Y ahí, señoras y señores, ahí festejé con patada, puñetazo y grito. Festejé con el alma, como mina 100% con gritito agudo y movimientos torpes. Los muchachos de Huracán se pusieron de culo, tanto que les rajaron un jugador con la deliciosa roja. ¡Que se curtan!
20 minutos después, Cavenaghi nos sorprendió con el segundo gol y lo único que pude pensar fue: “Boca, la tenés adentro”.

domingo, 25 de marzo de 2012

Mi Primera Vez en la Bombonera

Esta nota fue publicada en el Diario Olé, aquí.


25 de Marzo de 2012. Partido Boca-Lanús en la Bombonera.

Con tufo a porro mezclado con chori me recibieron los alrededores de la Bombonera. Las panzas de los fans asomaban por debajo de sus camisetas azul y oro. Ésta fue la primera imagen de mi primera vez en la cancha de Boca. Confieso que entré con cagazo, la vista no era lo que diríamos cordial pero le puse pecho – cosa que no me falta – a la situación y me adentré al lugar. Con mi credencial de Periodista del Diario Olé me sentía todopoderosa, cual Mujer Maravilla, y ya no me importaba nada.

La Bombonera desde la entrada
Los de Seguridad hablaban y se movían como capangas, con sus pechos inflados, no sé si por músculos o por exceso de grasa, aunque me inclino por lo segundo. La cosa estaba pesada porque dos horas antes del partido, los barras de la 12 se habían cagado a tiros con los cuidacoches en la Bombonerita. Y contra todas las probabilidades, no me cagué.




Stornelli en la rueda de prensa
"Vamos a los vestuarios" me dijo Ariel Kertzman, mi chaperón para la ocasión. Ilusiones me hice de ver a futbolistas en pelotas mostrándome sus hermosos, duros y turgentes traseros, sus planchas de ravioles sobre sus abdómenes, sus musculosas pantorrillas... Me los imaginé con las toallas blancas atadas en la cintura, pero no. En cambio, vimos a Carlos Stornelli explicando la balacera de la Bombonerita. ¿Y a vos qué minita quiere verte, Stornelli?
Luego nos encontramos con nuestros asientos privilegiados del Sector Prensa. Y allí estaba ella: sentí que San Pedro había abierto sus puertas de par en par para mí. Soberbia e imponente me miraba la Bombonera como diciendo: "vos, minita insignificante, no existís". Los más de 200 faroles iluminaban la cancha y la hacían parecer más enorme y magnánima todavía.



Blindex de por medio estaba la barrabrava de la 12: banderas azul y oro envolvían el sector de pies a cabeza y la muchachada cantaba al unísono "No me importa lo que digan, lo que digan los demás, yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más". Se movían al ritmo de la batucada, agitando sus brazos como si estuvieran bailando cuartetos de Rodrigo, dignos de una coreografía de Bailando por un Sueño. Les faltaba el tutú y las lentejuelas...


Al rato entraron las minitas en pelotas. "Son Las Boquitas", me explicó Ariel. Meneando sus caderas y sacudiendo sus porras, listas para la ocasión de convertirse en botineras, las muchachas vestían escuetas bikinis para el deleite de la muchachada calentona. ¿Y para cuándo los strippers para nosotras? ¡Esta cancha discrimina, loco!

Salió el plantel de Boca y el cielo explotó con papelitos de color azul y oro. La hinchada enloqueció. Los cantos de apoyo, los bombos y los platillos vibraron junto a las gradas. Y mi piso se movió. Wow... ¡Esa es la pasión de la que tanto me hablaban! ¡Existe, carajo, es real!

Y el partido comenzó. 
- ¿Dónde mierda la tiene que meter Boca? - le pregunté a Ariel. 
- ¿Es un personaje el que estás haciendo o de verdad no sabés? -  me respondió. 
O sea... ¿por qué mierda debería saberlo yo? ¿Acaso hay un cartel informativo y me lo perdí? Para no parecer más pelotuda de lo que en realidad ya soy, me calcé mi walkman del año 1985 y me puse a escuchar el partido. No sé si para gastarme o qué pero mi compañero me preguntó:
- ¿Sabés que juegan 11 de cada equipo, no? - Claro, soy minita pero no idiota.

En un momento de aburrimiento (porque hay que decirlo: al principio este partido no tenía mucha onda que digamos) me puse a jugar con mi camarita de fotos, tratando de sacar una fotito a los jugadores mientras los apretaba con mis deditos. Detrás de mí, un Seguridad capanga me miraba con complicidad esbozando una sonrisa. "Mina tenía que ser" habrá pensado. Sí, ¿y qué? Ustedes se divierten con 22 chabones persiguiendo una pelota, así que mejor no hablemos del tema. 
A todo esto, me picaba el bagre. Aproveché el entretiempo y me fui a comprar una hamburguesa. El triste sánguche con no más que pan y carne costaba 15 mangos. Con las mismas manos roñosas que recibía el dinero, el señor me entregó mi alimento. Y yo, que siempre ando con alcohol en gel en la mochila; yo, que al salir del subte y al llegar a cualquier lugar me lavo las manos indefectiblemente, me engullí la hamburguesa como si fuera La Última Cena. ¡Y estaba como la puta madre!

Mouche metió el primer Gol para Boca y Marchesin quedó solito, triste y desamparado, y me dieron ganas de consolarlo, ponerlo sobre mi pecho y decirle que todo estaría bien. Pero a los dos minutos, Riquelme lo hizo mierda con otro gol y mi instinto maternal se fue al carajo. Dos goles en cinco minutos, no hay mina que te banque, viejo. Y con cada Gol de Boca, yo festejé. Yo, que no soy bostera. Yo, que estaba allí como mera observadora. Yo festejé. ¿Qué poder que ejerce Boca sobre mí? Tendré que averiguarlo.

PD: Al terminar volvimos a Vestuarios y vimos a Falcioni, DT de Boca, con su interesante cara de ojete. Pero eso es lo menos importante de esta nota.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Yo también soy Virginia Lago

Hace unas semanas descubrí a Virginia Lago, actriz argentina, promocionando películas en un canal de aire. Me llamó la atención su tono y mirada alegre considerando que presentaba una película terriblemente deprimente.
Unas semanas después, comenzaron a hablar de esto en los programas humorísticos y redes sociales. El tema se convirtió en un Boom y en Youtube se subieron muchos videos imitándola.
Huelga decir que tengo un ojo biónico que todo lo ve antes que nadie. ¡Que se sepa!
Aquí les presento MI video de Virginia Lago. Espero les guste!

Click AQUÍ para ver el video.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi Clase de Gym con Profe Cachondo

Hoy tomé mi tercera clase de Gym, pero primera con Profe Cachondo. Muy copado, debo decir.
Igualmente, voy a comenzar desde el principio, desde el momento mismo en que llegué a mi casa desde el trabajo y me vestí para mi gran clase. 
Si bien el fin de semana largo me compré un pantalón como la gente marca Speedo, debido a que mido 1,56 m el pantalón me quedaba obviamente largo y debió hacer una visita a la costurera. Así que la vestimenta de hoy, no era otra que la patética calza con la patética remera que venía usando anteriormente. Me cambié rápido y me olvidé de un pequeño detalle, que más adelante les contaré.
La gente me miraba en la calle: creo que mi culo sin protección llamaba la atención, además de mi pechuga con remera ajustada. Es que el detalle que me olvidé antes, fue cambiarme el corpiño así que circulaba por la calle con mi calza y el culo al viento, y con una remera deportiva ajustada con mi corpiño de push up, cual Cicciolina desvergonzada.
La cuestión es que en la esquina del gimnasio vislumbré una remera más discreta que adquirí por el módico precio de $ 45. Ingresé al gym y comencé mi clase con profesor nuevo. Muy copado, puso música cachengue-fiestera "fue como una rá-fa-ga tu amoooooor... me enamoróoo" y ese tipo de música cumbiera. Mientras, el profesor nos alentaba con frases como "Dale, que se viene el otoño y vamo´ a morfaaaaaaar... jojojo..." La verdad es que era gracioso y le daba mucha onda a la situación moverelculoesmasdolorosodeloquehabíapensado.
Al ritmo de la música, gestitos de mano arriba, cual si estuviéramos cantando en la cancha, hacia la derecha, luego al frente, luego a la izquierda, ahora agregamos piernas. No pude coordinar piernas con brazos así que me limité a los brazos. Y luego los saltitos. Y es aquí donde descubrí cuál es el problema de hacer gimnasia con corpiño armado.
Los hombres no entenderán esto así que lo voy a explicar escuetamente: ir al gimnasio con corpiño armado con push up y alambre, no es buena idea. Ustedes se preguntarán por qué. Y yo les voy a explicar: hacer gym con corpiño con alambre es tan parecido a circular en bicicleta con una argolla de metal en cada testículo. A buen entendedor, pocas palabras. Cada saltito era un rebote de mis amigas, Lola y Lolita. Y era un dolor de lolas, realmente. Pero no iba a abandonar por esta pequeñez. No. Me dirigí al vestuario y me saqué el corpiño. ¿Y qué? ¡Éramos todas minas ahí! Finalmente no pude decidirme si era peor con o sin corpiño, pero al final dejé de hacer los ejercicios de saltitos: ellas rebotaban.
Luego bracitos tipo esquiar hacia la derecha y hacia la izquierda, mientras Profe Cachondo decía: "Aaahh, éste les sale bien eh!! (guiñada de ojo)".
El profesor animaba cada ejercicio mientras lo enseñaba de dorapa. Así cualquiera, eh. Mañana empiezo a dictar clases yo también...
Luego pasamos a Piernas. Debíamos acostarnos y levantar ambas piernas formando una V: nuestro culito era el vértice y las piernas en el aire formaban la V. Había que abrirlas bien, esa era la indicación profesional. En un momento, Profe Cachondo se acerca a alumna vaga y le dice: "Daaaaaaaaaale, abrilas bien que ahí no entra nadie eh!" Y parándose cerca del vértice de la alumna, la mira como diciendo "yo no entro acá, abrime las gambas, mamasssssa".
En esta foto podrán ver mi pierna haciendo el ejercicio, y al profesor parado mirando nuestros traseros y vértices. Hice la parabólica humana para sacar esta foto para ustedes, mis fieles seguidores. Onda... "mando un mensajito de texto mientras levanto las patas, pan comido".
Y una vez más, analizo a mi profesor y observo una interesante protuberancia en la zona de su estómago. Y no hago más que volver a preguntarme: "Si él hace gimnasia y tiene esa buzarda, ¿de qué me sirve a mí todo esto?".
Luego de la clase volví a mi hogar, y me clavé soberano plato de tallarines con crema. Pero que no se diga que no hago actividad física.

jueves, 5 de enero de 2012

Comprate un pasaje de subte...


Enero de 2012
 
Con esto del abrupto aumento del pasaje de subte de $ 1,10 a $ 2,50 (consideraciones políticas aparte), me di a la tarea de hacer un cacho de acopio de boletos para mi uso personal, porque soy una asalariada pero más que nada porque me encanta cagar al sistema. ¿A quién no?
En la boletería sólo me vendieron 20 pasajes y la verdad es que me alcanzaban para menos de una semana. Una mierda. ¿Y qué hace uno en estos casos? Cuenta con la familia, claro. Llamé a mi vieja y le dije:


- Che, copate y andate a la boletería a comprarme unos pasajes.

- Ni en pedo. Pedíle a Quiquín - (N de la R: Quiquín, lo más similar a un padre). 

No quise molestar a Quiquín, entonces me volví a la estación de subte. 
Cual la señora de la peli "La Clínica del Dr. Cureta", me pasé la mañana de fila en fila: me fui a una boletería y compré 20 pasajes más, luego fui a la otra ventanilla y compré otros 20. ¡Y me crucé, obvio, a la estación de enfrente y compré 20 más! Luego me fui a desayunar, y volví a comprar. Me hice la gran camufla y me calcé los lentes de sol y me solté el pelo, porque no quería que la cajera me reconociera y se armara el bardo.

Me hice de 120 pasajes. "
Perfecto - pensé - Lo cagué a Macri e impedí que me fundiera".
Perfecto un carajo. Claro, porque mi madre culposa - idische mame tenía que ser - se fue con Quiquín al subte y juntos compraron TRESCIENTOS OCHENTA pasajes. Eso es ser cariñosos pero a la vez... unos desubicadoshijosdeputaconmibolsillooooooooooooo!!!!!! 


Al rato me manda un mail y me dice: "Cuando nos veamos, dame los $ 418 de los pasajes de subte".

Vieja, me fundiste.