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sábado, 4 de agosto de 2012

¿Ciudad Paranoica o Paranoica en la Ciudad?

Más y más de mis fobias…
Aunque esta nota suene a mala onda, hay una cuota de humor en las situaciones que a diario padecemos los que vivimos en las grandes ciudades donde la “sensación de inseguridad” es una realidad concreta. Y si yo puedo reirme de mis propias desgracias, ¡vos también!
Escena #1- La persecuta: Estoy en mi departamentito. Suena el timbre. Desde el portero eléctrico  se anuncia mi madre. Unos pisos después toca el timbre a mi puerta. Y yo acostumbrada a estar con el culo en la mano por miedo a los chorros, miro por la mirilla. ¿Soy o me hago? Pero más importante que esa pregunta, es: si veo a mi vieja encañonada por un extraño, ¿le abro la puerta? Realmente me da miedo mi propia respuesta.
Escena #2- La persecuta 2: Todo extraño que camina por la calle, en el supermercado, colectivo, subte, restaurant y etcétera, es un potencial asesino, violador, ladrón o secuestrador para trata de blancas. No es joda. No exagero. A todos los miro con cara de pocos amigos. Todos son unos soretes delincuentes que solo están allí para cagarme la vida y mi paz. ¡Vos también! ¿Me preguntás la hora en la calle? ¡Andate a la mierda, chorro asesino! ¿Una señora de 95 años desdentada me pide un peso para el bondi? ¡Váyase a cagar, robadora de órganos! En esta ciudad un nenito de 5 años puede tener una sevillana en el bolsillo mientras te hace el entre pidiéndote que le compres una Cindor. ¡Estos pibitos son Billy The kid! 
Escena #3- Facilitando el delito: Otra cosa que trajo la tecnología, a la que ya saben repudio con todo mi ser, es la distracción vía mensaje de texto, feibu y twitter. No sólo ostentamos nuestros Smartphones en la calle y medios de transporte sino que además nos exponemos a un secuestro express por estar boludeando con un mensajito de texto: “Llego a ksa y t parto como a 1 keso” ¡y ñácate! En medio segundo estás adentro de una combi blanca con destino a un prostíbulo en Salta, vestida con portaligas de encaje rojo. Y no creas que por ser varón no te puede pasar.
Escena #4- Los pendejos presos: yo salgo a pasear con mi sobrina y la paso para el ojete. Es la verdad. Estoy todo el tiempo mirando para todos los costados, por miedo a que me la roben. La plaza es un espacio absolutamente propicio para que te secuestren al pibe. Ni hablar del shopping un domingo a las 4 de la tarde en plenas vacaciones de invierno. Yo la llevo con correa de perro. Falta que le cuelgue la chapita con el nombre y mis datos para su devolución, y se convierte en mi mascota perfecta. En la calle me miran con cara de culo, como si fuera una tía maltratadora, pero a mí no me roban a la nena. ¿Tenés un problema con esto? Llamá al 0800-CHUPALA. Te atiende Candela.
Escena #5- Infelices serán mis hijos: yo pienso que la edad apropiada para dejar que mis futuros hijos caminen solos por la calle, es 25. Sí, es que hoy día tener hijos en esta ciudad es autocondenarse a una cadena perpetua de 25 años de llevarlos y traerlos a todas partes. “No recibas golosinas de extraños”, “no hables con desconocidos”, “no me sueltes la mano al cruzar”, “no mires a ese señor a los ojos”, etc. O sea... no pueden viajar en bondi ni en remisse, mucho menos ir solos en bici al colegio porque hay extraños en todas partes. Y ni te digo lo que me cuesta pensar en dejar a mis futuros pibes con una maestra, porque en definitiva, es una perfecta extraña que puede desaparecer con ellos en un santiamén. Es muy probable que mis hijos estudien en mi casa conmigo.
Escena #6- Seductor con terceras intenciones: un mushasho me mira, sé que tiene segundas intenciones  y eso quiero! Le sigo el juego, miradita va, sacudidita de pelo viene, me trae un trago, lo acepto, charlamos, chapamos y me dice de ir a su casa… me siento medio pelotuda pero pienso que es el éxtasis de conseguir un tipo que por fin me dé bola. E inmediatamente me espabilo y pienso "este tipo me puso una droga en el trago y mañana puedo despertarme en su bañera con un riñón menos". Por eso estoy soltera, lo sé. Pero es que todo hoy es un peligro, y más si siempre tu idische mame te advierte por teléfono de las nuevas prácticas delincuentes producto de un levante mal hecho. Ésta es una ciudad de locos y todo puede ocurrir. Mejor me hago monja, que sin dudas en el convento encuentro sexo seguro con el curita.
Escena #7- Los temores que transmite el feibuk:
  • No te sientes en el cine porque los chorros dejan agujas infectadas con hiv. Ok, compro la entrada y me siento en la escalera con mis anteojos 3D y el balde de pochoclo. Super normal.
  • No aceptes volantes de la calle porque contienen sustancias venenosas que al contacto con tu piel, te dejan inconsciente y te despertás en China.
  • No viajes en subte porque un extraño tocó a una chica con sustancia que provoca desmayos y se hizo pasar por su novio y la secuestró (ésta en realidad me la transmitió mi hermana-actual idische mame de sus hijos).
  • No lleves la basura al container porque un chorro sale de adentro y te roba las zapatillas.
  • No vayas a la facultad de psicología porque allí secuestran mujeres para prostituirlas.
  • No le abras al chabón del delivery de pizza porque entra a tu casa y te empoma.
  • No tengas sexo con extraños porque pinchan el forro en el baño y te embarazan de prepo y andá saber qué sputza te contagian.
De todo esto, concluyo: no hay que usar celulares-ni tener hijos-ni salir a trabajar-ni pedir delivery-ni ir al cine-ni sacar la basura-ni estudiar-ni levantarte un tipo en la calle-ni tener sexo casual. ¡Me cago en la Gran Ciudad!

PD: La escena #6 es absolutamente ficticia.



lunes, 18 de junio de 2012

Vivir solo no es pan comido - parte II

Debido a la repercusión y gran aceptación que tuvo esta nota, es que me vi en la obligación de continuar ahondando en mis fobias y temores de vivir sola y morir en el intento. Parece que a mis lectores les gusta reirse de mí, y no me vengan con eso de que se ríen "conmigo" y no "de mí". Está bien. Este blog es para eso.
Ya habrán leído entonces acerca de mis miedos a ser asesinada por desconocidos, morir por resbalamiento bañeril o por aspiraciones de moho o gas, decapitación por ventilador de techo o las consecuencias posteriores a mi muerte relacionadas con lo secretos que oculto en mi placard. Y si no lo leyeron, pueden hacerlo aquí.
Ahora bien, esos no son los únicos temores que tengo, pero dado que una nota en el blog no puede extenderse demasiado, debí hacerlo breve. He aquí la parte II.

  • Comenzando con la tecnología, noche por medio me dedico a cargar mi celular. Y en contra de todas las recomendaciones (¿?) lo hago sobre mi mesita de luz. En los noticieros amarillistas, abundan los informes que indican no cargar el celular cerca de uno pues dicen que el aparato puede recalentarse y explotar. Sin embargo, siempre me da fiaca enchufarlo lejos y expongo mi propia vida en favor de la vagancia. Duermo intranquila y en medio de la noche, me resigno y lo mudo de lugar, o simplemente lo desenchufo.
  • Dentro de esta misma categoría, encontramos nuevos miedos que aparecieron con el uso de estos malditos aparatos. Debido a la vorágine en la que vivimos, algunas noches me cuesta conciliar el sueño, y por consejo de mi psicóloga, intento dormir con música relajante. Pero el parlante no me ayuda a dormir, sólo puedo hacerlo con los auriculares en mis oídos. Es que parece que sólo así la música llega directo a mi cerebro y logra calmarlo. Sí, ya sé, soy una histérica insoportable, pero muchos comparten mi mal. Y me entenderán: si me pongo los auriculares, puedo morir ahorcada con mi propio cable mientras duermo. Y me imagino luchando contra el cable, tratando de sacarlo de mi cuello, como si estuviera intentando de salir de una bolsa de red, en la oscuridad silenciosa de mi hogar. Si no utilizo los auriculares, no puedo dormir. Ésta es una paradoja muy compleja, porque tengo la solución a mi problema pero esa solución me genera uno nuevo. Entonces acomodo los cables perfectamente para evitar la muerte por ahorcamiento, pero la tensión permanente que me provoca el miedo de una posible falla en mi sistema, no me permite dormir. Tengo problemas, lo sé.
  • Continuando con las averías eléctricas, ¿quién no ha temido alguna vez morir chamuscado con la electricidad? Especialmente quienes vivimos solos, tenemos miedo de recibir una patadita del enchufe que por no interrumpirse a tiempo por efecto de un tercero golpeándonos con un palo de madera, se termine convirtiendo en electrocución mortal. Y allí quedaremos, duros, con olor a pollo quemado y hasta las cejas incendiadas con expresión de sorpresa.
    En esta categoría tenemos mucho por explotar:

    • La estufita de cuarzo. Ésta se la debo a mi vieja. En invierno, nuestro traserito sufre al ponerse en contacto en estado de total desnudez con las bajas temperaturas ambientales. Recurrir entonces a la estufita de cuarzo, parece una idea razonable. Todo perfecto cuando la enchufamos y la encendemos, pero cuando salimos de la ducha, mojados, húmedos, chorreando, sumado a todo esto el vapor en el baño... todo está propicio para la electrocución mortífera. La ducha prepara el terreno para el asesinato silencioso de la estufita de cuarzo. Siempre me pregunto: "¿debo ponerme zapatos de goma o de madera para apagar la estufa estando mojada?" Y como nunca recuerdo la respuesta, la dejo encendida 15 minutos minutos hasta que me termino de secar y vestir, y recién entonces la apago. Pero mi pelo sigue mojado, y ya saben: apagar la estufa es una aventura disfrazada de muerte.
    • El caloventor: cada noche de frío que va mi sobrina a dormir a mi casa, enciendo el caloventor para que duerma calentita. Ese es un amigo de doble cara: por un lado, nos da calor y por otro, nos provoca maldormir y pesadillas. Es que si bien tiene termostato, no deja de ser un equipo eléctrico que bien puede fallar. "Puede fallar", decía el mentalista Tu-Sam. Entonces ocurre que lo enciendo y una vez por hora me despierto para ver si mi sobrina está sana y salva. Ella duerme super bien, pero yo sufro toda la noche.
    • Quiero agregar que esto de la muerte por electrocución no es un invento mío. Las estadísticas indican que en Estados Unidos en un período de 4 años, murieron 1541 personas electrocutadas. Es decir que mis temores son perfectamente bien fundados. No soy una loca de mierda simplemente. Soy una loca de mierda pero informada.
  • El baño de inmersión: aquella panacea con la que toda la gilada fantasea... Una vez metidos en el agua, es el aburrimiento total. Prevenidos de esta situación, nos acercamos un libro, pero a la hora de leerlo nos da pena que se moje. El hornito aromático y la música relajante cumplen su cometido, y ahí... ¡Zácate! Nos quedamos dormidos y morimos ahogados. ¡Ahogados por necesidad de desahogo! ¡Qué contradicción! No hay caso, en este mundo estresante, ante el intento de relajación la única salida lógica es la muerte.




viernes, 18 de mayo de 2012

Vivir solo no es pan comido

A diferencia de esta nota que me tomó 3 meses de investigación, sufrimiento y recolección de pruebas (fotos y videos) ésta requirió de 9 años, 4 meses y unos cuantos días. Es que ese es el tiempo que llevo viviendo sola.
Vivir solo no es pura joda. Aunque tiene sus beneficios como: 1) hacer zapping a la velocidad que te gusta, 2) escuchar la tele/música al volumen que se te antoja, 3) estar varios días con el pelo revuelto y en piyama, 4) no tener que preparar purecitos para bebecitos, 5) no tener que cocinarle al marido y muchos etcéteras más, vivir solo genera muchos miedos, angustias, ansiedades, cuasi fobias, espantos, aprensiones y desasosiegos.

Además del clásico temor a morir y que me coman los gatos (como mi ídola Bridget Jones, aunque en su caso la comían perros salvajes), éstos son algunos de los temores que desarrollé al vivir sola cuando decidí irme del hogar familiar gobernado por una idische mame cuya excesiva sobreprotección resultó en la prolongación de mi período de adolescencia hasta los 26 años.




  • El período de adaptación: al principio mi único miedo – léase único – era ser invadida por desconocidos. Esto requirió de acompañante terapéutico prolongado: 24 horas y durante aproximadamente una semana, mi hermana se instaló en mi casa y el remedio fue peor que la enfermedad. Porque en este caso la convivencia ya no era impuesta por la familia sino elegida, lo que hacía una situación psi de libro y además aumentaba exponencialmente la relación perro-gato, que se tornó insoportable. Decidí vivir con el miedo y le di el olivo a mi hermana, en lugar de salir en la sección policial de los periódicos bajo el título “Cual Caín y Abel: mujer de 26 años asesina a hermana de 28”. (Nota de la escritora: puede ser que haya sido mi hermana quien decidió irse con motivo de no aguantarme más, pero esto no está muy claro en mi memoria).
  • La bañera: pasar la pierna para ingresar a la bañera es un acto de extrema peligrosidad y no es porque yo lo diga. 14 mil japoneses mueren al año en sus bañeras, esto es un hecho. Y si ellos, que son super inteligentes pueden caer en esta muerte tan pelotuda (léase “caer” literalmente), yo bien puedo hacerlo también. Pero como ´mujer precavida vale por dos´, solucioné este inconveniente comprando un pie de plástico. Pero no. El problema con el pie de plástico es que cuando lo lavás – cada tanto tenés que hacerlo, si no sos un roñoso – las sopapas no se chupan inmediatamente al piso. Si te olvidás de este hecho trascendental, de este fenómeno físico indispensable para prevenir tu deceso, es muy probable que seas víctima de muerte por resbalación efecto banana y ya muerto sigas sintiéndote un pelotudo. El segundo problema que trae el pie de plástico es que con la combinación de agua más crema de enjuague, shampú y jabón, se generan en las sopapitas inferiores unos desagradables hongos. Y eso me lleva al…
  • Miedo a morir por respiración de vapores de moho: esto ocurrió en muchos capítulos de Doctor House, como éste. Y si ocurre en la tele, es que es verdad. Además, los que siguen a las estrellas hollywoodenses sabrán que Brittany Murphy y su también famoso marido murieron por respirar moho. Y si los famosos pueden morir por respirar moho vaporizado, yo que soy famosa, también. O sea.. si A=B y B=C, entonces A=C. Elemental, Watson. Este temor sería infundado si yo no fuera famosa. Pero bueno… muy tarde para eso (guiño cómplice). 
  • El invierno: los que vivimos solos tenemos que buscar métodos alternativos para calentarnos porque… ¡vivimos solos! ¡No tenemos quién nos caliente! (no metan el dedo en la llaga). Así que cada invierno debo llamar al gasista para que destape el piloto de mis estufas que se llenan de hollín. Ninguna implicancia sexual. La cuestión es que cuando el señor se va, me pregunto si no habrá destapado demasiado los pilotos. Y durante una semana siento que me duele la cabeza, me arden los ojos y… tengo miedo de morir por inhalación de gas. Me despierto a la madrugada para asegurarme de que la llama del piloto siga encendida y termino durmiendo para el culo durante esa semana. Pero yo voy más allá de este temor a morir, y pienso que como nadie sabe el nombre de mi gasista, mi muerte quedaría impune. Entonces cada año pienso en pasarle los datos a mi vieja para que haga justicia por mi muerte, y cada año me olvido de hacerlo. Y al invierno siguiente, el mismo ritual se repite. En todos estos escenarios, yo muero antes que toda mi familia, se entiende.
  • El verano: no, no es que no hay p… que me venga bien. El invierno y también el verano tienen sus bemoles para quienes vivimos con nuestra alma. Hay momentos del verano en que el aire acondicionado es demasiado (además ahora que limpio mi propia casa porque La Señora me abandonó, vi que el Aire Acondicionado también tiene sus honguitos) entonces recurrimos al ventilador de techo. ¡Son un arma mortal, sépanlo! ¡Esas aspas asesinas pueden decapitarme en un tris! Además, no conozco al electricista que instaló los ventiladores en mi casa hace 9 años. Sería otro crimen impune perpetrado por autor desconocido y soy demasiado moishe como para llamar a uno y que haga una actualización. 
  • Cada cena, una pena: ojo con las comidas sólidas: la milanesa, el asado, un pollito o una simple lechuguita pueden ser los causantes de una muerte lenta pero segura. Entrando por el cañito equivocado, te das cuenta de que estás muriendo, ves tu vida pasar por delante de tus ojos mientras vos, como un infeliz luchás para escupir a tu verdugo. Inútil llamar al 911 porque… ¡te estás atragantando! Y así te van a encontrar tieso con una mano sosteniendo el tenedor y la otra metida en la garganta escarbando en tu campanilla, los ojos salidos cual gato Scratchy de Los Simpsons, cuando el olor a cadáver en descomposición llegue a tus vecinos. 
  • Los esqueletos de mi placard: no creo que muchos de ustedes hayan pensado en esto, eh. Creo que con esta nota estoy avivando a unos cuantos que inmediatamente después de leer se irán a destruir pruebas. Yo guardo secretos. Aunque tengo una madre judía que siempre encuentra el modo de saber todo de mí, hay cosas que guardo sólo para mí. Y sí, hay pruebas: cartas, objetos, DVDs y CDs (no, no se trata de pelis porno ni de videos hot). Son simples secretos que revelan partes de mi vida y mi personalidad que sólo unos pocos conocen. Y mi miedo es: el día que yo muera, quienes me sobrevivan vaciarán mi casa (pelearán por mi herencia, claro) y encontrarán todos mis secretos. Y hablarán mal de mí a mis espaldas. La única alternativa que me queda es, entonces, hacer como quien no quiere la cosa e ir contándolos en alguna borrachera – con total intención – o en un momento de intimidad que da para hablar justo de ese esqueletito que tengo guardado con recelo. La reacción que siempre obtengo es: “desearía no haberlo sabido”.
Realmente soy una loca de mierda pero sólo porque tengo mucha imaginación. Yo sé que muchas personas que viven solas se van a sentir identificadas con mis temores, y van a compartir conmigo por este medio sus propios miedos y fobias. Y a partir de ese entonces, sufriré mi día a día con temores nuevos de los que antes de hoy, no sabía existían.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Yo también soy Virginia Lago

Hace unas semanas descubrí a Virginia Lago, actriz argentina, promocionando películas en un canal de aire. Me llamó la atención su tono y mirada alegre considerando que presentaba una película terriblemente deprimente.
Unas semanas después, comenzaron a hablar de esto en los programas humorísticos y redes sociales. El tema se convirtió en un Boom y en Youtube se subieron muchos videos imitándola.
Huelga decir que tengo un ojo biónico que todo lo ve antes que nadie. ¡Que se sepa!
Aquí les presento MI video de Virginia Lago. Espero les guste!

Click AQUÍ para ver el video.

lunes, 30 de enero de 2012

A mí me levantan sólo los viejos...

Estaba en el bar merendando con mi sobrina de 5 años y le leía mis cuentos infantiles.
Un señor se levanta para ir al baño y me dice: "Lo que es ser tía..." y le respondo: "Pero es un placer doble porque le encantan los cuentos que yo misma escribí". Se va al baño. Yo le sigo leyendo. El señor vuelve y se sienta a su mesa. Escuchaba todo.
Le cuento otro cuentito, siempre haciendo todas las voces: las ardillas, el pájaro carpintero, la nena, el tío, la mamá y la Adivina. El señor se levanta, me da una tarjetita y me dice "me encantaron tus cuentos, te dejo mi tarjeta por si me querés contactar". Inmediatamente pienso: "ES UN EDITOOOOOOORRRR!! SE ME HIZOOOOO!!!!!" No. Era un señor de aproximadamente 60 años que me quiso levantar. Profesión: Electromecánico. De apellido Caballero.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Pasáme el Dentífrico


Llegué a USA y no tenía dentífrico. Entonces maldormida y cansada, luego de 9hs en un avión turbulentoso que me hizo subir las albondigas a la garganta, me dirigí a una tiendita a comprar pasta dental.

Todo en inglés pero yo soy "bilingüe" y compro un Close Up sin mirar demasiado. Cuestión que me cepillo los dientes y la pasta era amarillenta.
"Mmmmm... Qué raras que son las cosas en USA!".

Le doy con furia para que me queden bien blaquitos pero no largaba espuma entonces aplico mas fricción. Los dientes se me quedan pegados y el cepillo tiene un masacote pegajoso.

Sí, tal cual. Habia comprado pegamento para dentaduras postizas. Soy muy grossa y por eso lo comparto con mi publico. Clap clap, ¿no?

Ratón inalámbrico


Mi poca tecnología es TAL que quise usar el mouse inalámbrico que compré en USA, pero no andaba.
Me dije "¿Cómo puede ser que me hayan cagado en USA? Voy a probar en la oficina".
Lo pruebo en la oficina, y nada. Entonces le pido al gurú tecnológico que me ayude. Lo abre, y me dice: "Esto necesita pilas".
Sí, confirmado, soy tencológicamente boluda.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La Cuca




La heladera quedó abierta como por diez minutos. Me doy cuenta y la cierro, pero escucho unos ruidos. Pienso: "Serán las estarlactitas derritiéndose por el calor?"
De pronto, vislumbro una sombra pequeña con patitas, antenas y pelos, moviéndose con desesperación, causando los ruiditos que había escuchado.

Ella, La Cuca, luchaba bajo la bandeja de huevos para poder escapar. Yo, la humana, peleaba y daba saltitos con grititos. Confieso que tenía calor y estaba en lolas frente a la heladera. Sin embargo, no podía pelear con ella y con mis lolas al viento. Dejé la heladera abierta y me fui a poner una remera y cacé el arma asesina: la pantufla (tenía que ser la derecha, porque la izquierda tiene forma para el otro lado, que no lo domino).

Ya protegida con mi remera y armada hasta los dientes, me dirigí sigilosa a la heladera. Saqué los huevos, y allí seguía la desalmada, desagradable, asquerosa, inmunda, endemoniada, fétida, repulsiva y nauseabunda CUCA. Corría de un lado al otro con una velocidad que me asombraba, sin dar con destino fijo.

Mi arma no servía para la ocasión, de modo que corrí al baño y busqué EL ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA: RAID! Y le di sin asco. La maldita desapareció bajo la heladera, pero yo me sentí victoriosa (y un poco mareada por el olor).

Orgullosa de mí misma, me dirigí hacia mi habitación mientras me sacaba la remera. Y VI LA CUCA HUSMEANDO, VIVITA Y COLEANDO, EN MI HABITACIÓN. 

domingo, 10 de marzo de 2002

Peligro: entrevista de trabajo!


Marzo de 2002. Edad: 25 años. Desempleada.

El jueves pasado me llamó un señor diciendo que vio mi aviso en La Nación, donde publiqué una búsqueda de trabajo como Secretaria (grave error, lo sé ahora).
Concertamos una entrevista y hacia allí fui. Llegué al lugar acordado y era una casa particular. Su casa particular. Hablé con los vecinos para ver si estaba todo bien, si la familia era una Familia Bien. En fin. Toqué el timbre con cierto temblor en mi dedo índice derecho y me abrió la puerta la esposa del señor en cuestión. La casa bien. El comedor bien. Lindos muebles. Hice fotografía mental de todo, como verán. Acto seguido, vino el Sr. Heriberto XXX (oculto el apellido porque no quiero que me haga juicio). El señor era paisano mío (judío), eso me dio cierta tranquilidad, como si no existieran judíos asesinos/violadores. Me dio la mano. 

Pelo blanco, pantalón con el tiro por la rodilla que mostraba una ausencia de culo importante. Ojos claros, celestes. Tenía cara de buen tipo. Pero todos sabemos que las apariencias engañan.
Bueno, la cuestión es que el señor me hace subir unas escaleras de madera, por la parte de atrás de la casa, pasando la terraza (?!). Me explica que su oficina está atrás de todo, y me hace pasar por una habitación. Sí, una habitación. Lo primero que vi fue una cama de dos plazas. Pensamientoultrarápidoqueatravesómicabeza: "Ahora el viejo me tira en la cama y se pudre todo. Ay, Diosito, sé bueno conmigo!"
El paseo continúa y después de pasar por la habitación - sana y salva - me abre OTRA puerta que daba a un baño. Si! El viejo me mete en el baño!!! Con inodoro, bidet, cortina de bañera, todo lo que tiene un baño. Ese baño tenía OTRA puerta que daba a un cuartito. Y ahí sí que se me aflojaron las cachas (por segunda vez). El tipo me invita a pasar. Yo, inocentemente, asomo la cabeza para ver dónde me estaba por meter y veo un cuartucho de cuarta (valga la redundancia).
Pensamientdosoultrarápidoqueatravesómicabeza: "Si me meto acá y el tipo me hace lo que tenía pensado hacerme en la cama y grito, no me va a escuchar ni Dios. Acá soy boleta". Todo este pensamiento fue en UN segundo, no tenía mucho tiempo para pensar y hacerme la guapa. O entraba o no entraba. Así de simple. Era esa clase de pensamiento binario que bien sabemos nos puede llevar al éxito o a la muerte total y absoluta (o algo parecido de esa categoría).
Estaba desempleada y algo desesperada. Mi último sueldo en esa época había sido de 900 pesos, aproximadamente. Yo, igual, ya tenía decidido que por más que me ofreciera 4 lucas ni loca trabajaría allí. Mientras pensaba qué hacer, seguía parada al lado del inodoro. Imaginate la escena: el viejo abriendo la segunda puerta del baño - que daba al bidet por un lado y al cuartucho por el otro - y yo asomando mi cabecita con pocos pelos, parada al lado del inodoro. La verdad es que estaba cagada en las patas y bien podría haberle pedido unos minutos para pensar. Pero como siempre, a la hora de cuidar mi integridad física flaqueo, y entonces entré. Corriendo riesgo de ser atacada por esta persona senil, entré. Soy una reverenda boluda. Lo acepto!

El cuartucho se caía a pedazos. La pintura de las paredes estaba descascarada. Muebles encimados, archivos mal acomodados, una silla hecha bosta. Gracias que había lugar para un mini escritorio: el de él.
Me senté lo más cómoda que quise, cero femenina. No quería dar una buena impresión. Me crucé de brazos (cosa que siempre dicen hay que evitar hacer en una entrevista laboral). Yo quería no gustarle. Pero le gusté igual, qué lo parió!! Y se vino la propuesta de trabajo. Me ofrecía lo que yo quisiera con tal de que trabajara para él. Le pedí más plata, le pedí estar en blanco, le pedí límite de horario y le pedí hora de almuerzo. No había caso. Me quería contratar. Me quería dar todo lo que YO quería.

Quedamos en que me comunicaba con él para darle mi respuesta. Nunca lo llamé.