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sábado, 4 de agosto de 2012

¿Ciudad Paranoica o Paranoica en la Ciudad?

Más y más de mis fobias…
Aunque esta nota suene a mala onda, hay una cuota de humor en las situaciones que a diario padecemos los que vivimos en las grandes ciudades donde la “sensación de inseguridad” es una realidad concreta. Y si yo puedo reirme de mis propias desgracias, ¡vos también!
Escena #1- La persecuta: Estoy en mi departamentito. Suena el timbre. Desde el portero eléctrico  se anuncia mi madre. Unos pisos después toca el timbre a mi puerta. Y yo acostumbrada a estar con el culo en la mano por miedo a los chorros, miro por la mirilla. ¿Soy o me hago? Pero más importante que esa pregunta, es: si veo a mi vieja encañonada por un extraño, ¿le abro la puerta? Realmente me da miedo mi propia respuesta.
Escena #2- La persecuta 2: Todo extraño que camina por la calle, en el supermercado, colectivo, subte, restaurant y etcétera, es un potencial asesino, violador, ladrón o secuestrador para trata de blancas. No es joda. No exagero. A todos los miro con cara de pocos amigos. Todos son unos soretes delincuentes que solo están allí para cagarme la vida y mi paz. ¡Vos también! ¿Me preguntás la hora en la calle? ¡Andate a la mierda, chorro asesino! ¿Una señora de 95 años desdentada me pide un peso para el bondi? ¡Váyase a cagar, robadora de órganos! En esta ciudad un nenito de 5 años puede tener una sevillana en el bolsillo mientras te hace el entre pidiéndote que le compres una Cindor. ¡Estos pibitos son Billy The kid! 
Escena #3- Facilitando el delito: Otra cosa que trajo la tecnología, a la que ya saben repudio con todo mi ser, es la distracción vía mensaje de texto, feibu y twitter. No sólo ostentamos nuestros Smartphones en la calle y medios de transporte sino que además nos exponemos a un secuestro express por estar boludeando con un mensajito de texto: “Llego a ksa y t parto como a 1 keso” ¡y ñácate! En medio segundo estás adentro de una combi blanca con destino a un prostíbulo en Salta, vestida con portaligas de encaje rojo. Y no creas que por ser varón no te puede pasar.
Escena #4- Los pendejos presos: yo salgo a pasear con mi sobrina y la paso para el ojete. Es la verdad. Estoy todo el tiempo mirando para todos los costados, por miedo a que me la roben. La plaza es un espacio absolutamente propicio para que te secuestren al pibe. Ni hablar del shopping un domingo a las 4 de la tarde en plenas vacaciones de invierno. Yo la llevo con correa de perro. Falta que le cuelgue la chapita con el nombre y mis datos para su devolución, y se convierte en mi mascota perfecta. En la calle me miran con cara de culo, como si fuera una tía maltratadora, pero a mí no me roban a la nena. ¿Tenés un problema con esto? Llamá al 0800-CHUPALA. Te atiende Candela.
Escena #5- Infelices serán mis hijos: yo pienso que la edad apropiada para dejar que mis futuros hijos caminen solos por la calle, es 25. Sí, es que hoy día tener hijos en esta ciudad es autocondenarse a una cadena perpetua de 25 años de llevarlos y traerlos a todas partes. “No recibas golosinas de extraños”, “no hables con desconocidos”, “no me sueltes la mano al cruzar”, “no mires a ese señor a los ojos”, etc. O sea... no pueden viajar en bondi ni en remisse, mucho menos ir solos en bici al colegio porque hay extraños en todas partes. Y ni te digo lo que me cuesta pensar en dejar a mis futuros pibes con una maestra, porque en definitiva, es una perfecta extraña que puede desaparecer con ellos en un santiamén. Es muy probable que mis hijos estudien en mi casa conmigo.
Escena #6- Seductor con terceras intenciones: un mushasho me mira, sé que tiene segundas intenciones  y eso quiero! Le sigo el juego, miradita va, sacudidita de pelo viene, me trae un trago, lo acepto, charlamos, chapamos y me dice de ir a su casa… me siento medio pelotuda pero pienso que es el éxtasis de conseguir un tipo que por fin me dé bola. E inmediatamente me espabilo y pienso "este tipo me puso una droga en el trago y mañana puedo despertarme en su bañera con un riñón menos". Por eso estoy soltera, lo sé. Pero es que todo hoy es un peligro, y más si siempre tu idische mame te advierte por teléfono de las nuevas prácticas delincuentes producto de un levante mal hecho. Ésta es una ciudad de locos y todo puede ocurrir. Mejor me hago monja, que sin dudas en el convento encuentro sexo seguro con el curita.
Escena #7- Los temores que transmite el feibuk:
  • No te sientes en el cine porque los chorros dejan agujas infectadas con hiv. Ok, compro la entrada y me siento en la escalera con mis anteojos 3D y el balde de pochoclo. Super normal.
  • No aceptes volantes de la calle porque contienen sustancias venenosas que al contacto con tu piel, te dejan inconsciente y te despertás en China.
  • No viajes en subte porque un extraño tocó a una chica con sustancia que provoca desmayos y se hizo pasar por su novio y la secuestró (ésta en realidad me la transmitió mi hermana-actual idische mame de sus hijos).
  • No lleves la basura al container porque un chorro sale de adentro y te roba las zapatillas.
  • No vayas a la facultad de psicología porque allí secuestran mujeres para prostituirlas.
  • No le abras al chabón del delivery de pizza porque entra a tu casa y te empoma.
  • No tengas sexo con extraños porque pinchan el forro en el baño y te embarazan de prepo y andá saber qué sputza te contagian.
De todo esto, concluyo: no hay que usar celulares-ni tener hijos-ni salir a trabajar-ni pedir delivery-ni ir al cine-ni sacar la basura-ni estudiar-ni levantarte un tipo en la calle-ni tener sexo casual. ¡Me cago en la Gran Ciudad!

PD: La escena #6 es absolutamente ficticia.



lunes, 18 de junio de 2012

Vivir solo no es pan comido - parte II

Debido a la repercusión y gran aceptación que tuvo esta nota, es que me vi en la obligación de continuar ahondando en mis fobias y temores de vivir sola y morir en el intento. Parece que a mis lectores les gusta reirse de mí, y no me vengan con eso de que se ríen "conmigo" y no "de mí". Está bien. Este blog es para eso.
Ya habrán leído entonces acerca de mis miedos a ser asesinada por desconocidos, morir por resbalamiento bañeril o por aspiraciones de moho o gas, decapitación por ventilador de techo o las consecuencias posteriores a mi muerte relacionadas con lo secretos que oculto en mi placard. Y si no lo leyeron, pueden hacerlo aquí.
Ahora bien, esos no son los únicos temores que tengo, pero dado que una nota en el blog no puede extenderse demasiado, debí hacerlo breve. He aquí la parte II.

  • Comenzando con la tecnología, noche por medio me dedico a cargar mi celular. Y en contra de todas las recomendaciones (¿?) lo hago sobre mi mesita de luz. En los noticieros amarillistas, abundan los informes que indican no cargar el celular cerca de uno pues dicen que el aparato puede recalentarse y explotar. Sin embargo, siempre me da fiaca enchufarlo lejos y expongo mi propia vida en favor de la vagancia. Duermo intranquila y en medio de la noche, me resigno y lo mudo de lugar, o simplemente lo desenchufo.
  • Dentro de esta misma categoría, encontramos nuevos miedos que aparecieron con el uso de estos malditos aparatos. Debido a la vorágine en la que vivimos, algunas noches me cuesta conciliar el sueño, y por consejo de mi psicóloga, intento dormir con música relajante. Pero el parlante no me ayuda a dormir, sólo puedo hacerlo con los auriculares en mis oídos. Es que parece que sólo así la música llega directo a mi cerebro y logra calmarlo. Sí, ya sé, soy una histérica insoportable, pero muchos comparten mi mal. Y me entenderán: si me pongo los auriculares, puedo morir ahorcada con mi propio cable mientras duermo. Y me imagino luchando contra el cable, tratando de sacarlo de mi cuello, como si estuviera intentando de salir de una bolsa de red, en la oscuridad silenciosa de mi hogar. Si no utilizo los auriculares, no puedo dormir. Ésta es una paradoja muy compleja, porque tengo la solución a mi problema pero esa solución me genera uno nuevo. Entonces acomodo los cables perfectamente para evitar la muerte por ahorcamiento, pero la tensión permanente que me provoca el miedo de una posible falla en mi sistema, no me permite dormir. Tengo problemas, lo sé.
  • Continuando con las averías eléctricas, ¿quién no ha temido alguna vez morir chamuscado con la electricidad? Especialmente quienes vivimos solos, tenemos miedo de recibir una patadita del enchufe que por no interrumpirse a tiempo por efecto de un tercero golpeándonos con un palo de madera, se termine convirtiendo en electrocución mortal. Y allí quedaremos, duros, con olor a pollo quemado y hasta las cejas incendiadas con expresión de sorpresa.
    En esta categoría tenemos mucho por explotar:

    • La estufita de cuarzo. Ésta se la debo a mi vieja. En invierno, nuestro traserito sufre al ponerse en contacto en estado de total desnudez con las bajas temperaturas ambientales. Recurrir entonces a la estufita de cuarzo, parece una idea razonable. Todo perfecto cuando la enchufamos y la encendemos, pero cuando salimos de la ducha, mojados, húmedos, chorreando, sumado a todo esto el vapor en el baño... todo está propicio para la electrocución mortífera. La ducha prepara el terreno para el asesinato silencioso de la estufita de cuarzo. Siempre me pregunto: "¿debo ponerme zapatos de goma o de madera para apagar la estufa estando mojada?" Y como nunca recuerdo la respuesta, la dejo encendida 15 minutos minutos hasta que me termino de secar y vestir, y recién entonces la apago. Pero mi pelo sigue mojado, y ya saben: apagar la estufa es una aventura disfrazada de muerte.
    • El caloventor: cada noche de frío que va mi sobrina a dormir a mi casa, enciendo el caloventor para que duerma calentita. Ese es un amigo de doble cara: por un lado, nos da calor y por otro, nos provoca maldormir y pesadillas. Es que si bien tiene termostato, no deja de ser un equipo eléctrico que bien puede fallar. "Puede fallar", decía el mentalista Tu-Sam. Entonces ocurre que lo enciendo y una vez por hora me despierto para ver si mi sobrina está sana y salva. Ella duerme super bien, pero yo sufro toda la noche.
    • Quiero agregar que esto de la muerte por electrocución no es un invento mío. Las estadísticas indican que en Estados Unidos en un período de 4 años, murieron 1541 personas electrocutadas. Es decir que mis temores son perfectamente bien fundados. No soy una loca de mierda simplemente. Soy una loca de mierda pero informada.
  • El baño de inmersión: aquella panacea con la que toda la gilada fantasea... Una vez metidos en el agua, es el aburrimiento total. Prevenidos de esta situación, nos acercamos un libro, pero a la hora de leerlo nos da pena que se moje. El hornito aromático y la música relajante cumplen su cometido, y ahí... ¡Zácate! Nos quedamos dormidos y morimos ahogados. ¡Ahogados por necesidad de desahogo! ¡Qué contradicción! No hay caso, en este mundo estresante, ante el intento de relajación la única salida lógica es la muerte.




viernes, 18 de mayo de 2012

Vivir solo no es pan comido

A diferencia de esta nota que me tomó 3 meses de investigación, sufrimiento y recolección de pruebas (fotos y videos) ésta requirió de 9 años, 4 meses y unos cuantos días. Es que ese es el tiempo que llevo viviendo sola.
Vivir solo no es pura joda. Aunque tiene sus beneficios como: 1) hacer zapping a la velocidad que te gusta, 2) escuchar la tele/música al volumen que se te antoja, 3) estar varios días con el pelo revuelto y en piyama, 4) no tener que preparar purecitos para bebecitos, 5) no tener que cocinarle al marido y muchos etcéteras más, vivir solo genera muchos miedos, angustias, ansiedades, cuasi fobias, espantos, aprensiones y desasosiegos.

Además del clásico temor a morir y que me coman los gatos (como mi ídola Bridget Jones, aunque en su caso la comían perros salvajes), éstos son algunos de los temores que desarrollé al vivir sola cuando decidí irme del hogar familiar gobernado por una idische mame cuya excesiva sobreprotección resultó en la prolongación de mi período de adolescencia hasta los 26 años.




  • El período de adaptación: al principio mi único miedo – léase único – era ser invadida por desconocidos. Esto requirió de acompañante terapéutico prolongado: 24 horas y durante aproximadamente una semana, mi hermana se instaló en mi casa y el remedio fue peor que la enfermedad. Porque en este caso la convivencia ya no era impuesta por la familia sino elegida, lo que hacía una situación psi de libro y además aumentaba exponencialmente la relación perro-gato, que se tornó insoportable. Decidí vivir con el miedo y le di el olivo a mi hermana, en lugar de salir en la sección policial de los periódicos bajo el título “Cual Caín y Abel: mujer de 26 años asesina a hermana de 28”. (Nota de la escritora: puede ser que haya sido mi hermana quien decidió irse con motivo de no aguantarme más, pero esto no está muy claro en mi memoria).
  • La bañera: pasar la pierna para ingresar a la bañera es un acto de extrema peligrosidad y no es porque yo lo diga. 14 mil japoneses mueren al año en sus bañeras, esto es un hecho. Y si ellos, que son super inteligentes pueden caer en esta muerte tan pelotuda (léase “caer” literalmente), yo bien puedo hacerlo también. Pero como ´mujer precavida vale por dos´, solucioné este inconveniente comprando un pie de plástico. Pero no. El problema con el pie de plástico es que cuando lo lavás – cada tanto tenés que hacerlo, si no sos un roñoso – las sopapas no se chupan inmediatamente al piso. Si te olvidás de este hecho trascendental, de este fenómeno físico indispensable para prevenir tu deceso, es muy probable que seas víctima de muerte por resbalación efecto banana y ya muerto sigas sintiéndote un pelotudo. El segundo problema que trae el pie de plástico es que con la combinación de agua más crema de enjuague, shampú y jabón, se generan en las sopapitas inferiores unos desagradables hongos. Y eso me lleva al…
  • Miedo a morir por respiración de vapores de moho: esto ocurrió en muchos capítulos de Doctor House, como éste. Y si ocurre en la tele, es que es verdad. Además, los que siguen a las estrellas hollywoodenses sabrán que Brittany Murphy y su también famoso marido murieron por respirar moho. Y si los famosos pueden morir por respirar moho vaporizado, yo que soy famosa, también. O sea.. si A=B y B=C, entonces A=C. Elemental, Watson. Este temor sería infundado si yo no fuera famosa. Pero bueno… muy tarde para eso (guiño cómplice). 
  • El invierno: los que vivimos solos tenemos que buscar métodos alternativos para calentarnos porque… ¡vivimos solos! ¡No tenemos quién nos caliente! (no metan el dedo en la llaga). Así que cada invierno debo llamar al gasista para que destape el piloto de mis estufas que se llenan de hollín. Ninguna implicancia sexual. La cuestión es que cuando el señor se va, me pregunto si no habrá destapado demasiado los pilotos. Y durante una semana siento que me duele la cabeza, me arden los ojos y… tengo miedo de morir por inhalación de gas. Me despierto a la madrugada para asegurarme de que la llama del piloto siga encendida y termino durmiendo para el culo durante esa semana. Pero yo voy más allá de este temor a morir, y pienso que como nadie sabe el nombre de mi gasista, mi muerte quedaría impune. Entonces cada año pienso en pasarle los datos a mi vieja para que haga justicia por mi muerte, y cada año me olvido de hacerlo. Y al invierno siguiente, el mismo ritual se repite. En todos estos escenarios, yo muero antes que toda mi familia, se entiende.
  • El verano: no, no es que no hay p… que me venga bien. El invierno y también el verano tienen sus bemoles para quienes vivimos con nuestra alma. Hay momentos del verano en que el aire acondicionado es demasiado (además ahora que limpio mi propia casa porque La Señora me abandonó, vi que el Aire Acondicionado también tiene sus honguitos) entonces recurrimos al ventilador de techo. ¡Son un arma mortal, sépanlo! ¡Esas aspas asesinas pueden decapitarme en un tris! Además, no conozco al electricista que instaló los ventiladores en mi casa hace 9 años. Sería otro crimen impune perpetrado por autor desconocido y soy demasiado moishe como para llamar a uno y que haga una actualización. 
  • Cada cena, una pena: ojo con las comidas sólidas: la milanesa, el asado, un pollito o una simple lechuguita pueden ser los causantes de una muerte lenta pero segura. Entrando por el cañito equivocado, te das cuenta de que estás muriendo, ves tu vida pasar por delante de tus ojos mientras vos, como un infeliz luchás para escupir a tu verdugo. Inútil llamar al 911 porque… ¡te estás atragantando! Y así te van a encontrar tieso con una mano sosteniendo el tenedor y la otra metida en la garganta escarbando en tu campanilla, los ojos salidos cual gato Scratchy de Los Simpsons, cuando el olor a cadáver en descomposición llegue a tus vecinos. 
  • Los esqueletos de mi placard: no creo que muchos de ustedes hayan pensado en esto, eh. Creo que con esta nota estoy avivando a unos cuantos que inmediatamente después de leer se irán a destruir pruebas. Yo guardo secretos. Aunque tengo una madre judía que siempre encuentra el modo de saber todo de mí, hay cosas que guardo sólo para mí. Y sí, hay pruebas: cartas, objetos, DVDs y CDs (no, no se trata de pelis porno ni de videos hot). Son simples secretos que revelan partes de mi vida y mi personalidad que sólo unos pocos conocen. Y mi miedo es: el día que yo muera, quienes me sobrevivan vaciarán mi casa (pelearán por mi herencia, claro) y encontrarán todos mis secretos. Y hablarán mal de mí a mis espaldas. La única alternativa que me queda es, entonces, hacer como quien no quiere la cosa e ir contándolos en alguna borrachera – con total intención – o en un momento de intimidad que da para hablar justo de ese esqueletito que tengo guardado con recelo. La reacción que siempre obtengo es: “desearía no haberlo sabido”.
Realmente soy una loca de mierda pero sólo porque tengo mucha imaginación. Yo sé que muchas personas que viven solas se van a sentir identificadas con mis temores, y van a compartir conmigo por este medio sus propios miedos y fobias. Y a partir de ese entonces, sufriré mi día a día con temores nuevos de los que antes de hoy, no sabía existían.


lunes, 5 de marzo de 2012

Lo que odio de ser mujer

Si hay algo que odio de ser mujer no es lo que estás pensando, no. Eso sólo molesta una vez por mes desde los 12 hasta los 52 años aproximadamente, son 40 años (nada, no?)... pero no es lo más jodido de ser mujer.

¿Los zapatos ajustados, quizás? Los tacos aguja con punta, increíblemente mal diseñados: o sea... no sé tus pies pero los míos no terminan en punta. ¿Para qué comprar un zapato puntiagudo si a los 10 días de usarlo quedará deformado por acción del dedo gordo? Aunque caminar por las calles de Buenos Aires sobre el asfalto o los adoquines sea una de las cosas más difíciles de hacer en esta vida... los zapatos no son lo que más me molesta de ser Mujer, incluso si una pierde el taco en esos recónditos espacios pensados por los hombres para cagarnos la vida. ¿Y qué me cuenta usted, señora? ¿En qué estado vuelven sus pies después de 10 horas con esos zapatos puntiagudos? No me va a decir que no le molestan para nada, que disfruta usarlos pues le estilizan las piernas... no me diga que se ve más femenina y por eso aguanta esa tortura diaria y espantosa de ir subida sobre esos 10 centímetros. No me diga "prefiero morir hermosa sufriendo en lugar de cómoda y fea". No, no se lo permito.

El maquillaje. Usted que se maquilla, ¿piensa que si no lo hace parecerá un escracho, un bodoque? Sí, por supuesto que será así y mucho peor también. Pero cuando se levanta a la mañana, ¿lo hace maquillada como las mujeres de las películas de Hollywood? No, claro, a no ser que se despierte a las 4 de la madrugada y se dirija al baño a hurtadillas para maquillarse y vuelva a acostarte Diosa junto a su hombre (hay casos). Si usted hace eso, permítame decirle que es una verdadera Idiota con mayúscula. Y si usted no es de esas, su compañero la ve como un cuco maloliente y despeinado, además de ver su verdadero rostro lagañoso y esas ojeras que cada mañana con tanto ahínco desea ocultar. ¿Vale la pena usar toda esa porquería pegajosa, calurosa y provocadora de granos sólo para impresionar al muchacho del subte, al kioskero, al Gerente de Marketing? ¿Por qué hacerlo si su marido anda por la casa con la panza al aire, y en el almuerzo dominical su remera cuelga elegantemente sobre una silla mientras el tuco cae sobre su pecho y sus vellos? ¡Hay que darles a ellos lo que ellos nos dan a nosotras!

¿Qué me dicen de la depilación con cera caliente? Debo decir que me depilo por deseo propio, pero usted que hace 6 meses no tiene pareja y tiene los pelos como para hacerse trenzas y de repente se levanta al kioskero y va corriendo a pagar $ 80 por la depilación del cavado profundo y la tira de cola, ¿usted piensa que su compañero se va a depilar el bosque? ¿Quizás los pelos de la espalda? No, señora! No se ilusione! Y guay que usted tenga 3 milímetros de vello rasposo en sus piernas, que el kioskero le dirá: "los pelos de tus piernas, me raspan".

El uso de la pastilla anticonceptiva es un capítulo aparte. Mientras usted se llena de hormonas cual milanesa de pollo, su marido, novio, amigo con privilegios, amante y otros etcéteras, goza de una salud corporal hormonas-free. Pero todo por prevenir un embarazo, claaaaaaaro... ¿Y para qué corno está el preservativo entonces? ¿Me lo puede explicar usted, señor? ¿Si le digo que salió la pastilla anticonceptiva masculina, me va a decir que la va a tomar? No sea mentiroso! Ahora el Papa Benedicto XVI aprobó el uso del preservativo, ¿qué espera usted para usarlo?

Y me falta la cocina... ni hablar de eso. Es un sinsentido y no lograremos nada.

Lo que más odio de ser mujer, realmente, luego de haber hecho todo el análisis anterior... lo que más odio con toda mi alma y desde lo más hondo de mis entrañas... es el maldito corpiño. Los hay deportivos, normales, puntudos, con puntilla, con broderie, con calado, con pelotitas, con relleno, sin relleno, con push up, de algodón, de tela transpirosa, clásico o de satén... hasta ahí, bueno, todo bien... Una elige qué ponerse para cada ocasión. Pero ¿es necesario meterle un alambre para que no se nos caigan las lolas? ¿Es realmente lo mejor que hasta el año 2012 pudieron inventar? ¿Qué tal si esos caballeros que inventan cohetes espaciales se ponen un rato a pensar cómo pueden hacer para que no se nos caigan las tetas, tetotas, tetitas, melones, huevos fritos, pomelos, limones, etc? ¿Qué tal si en lugar de un corpiño con alambre usamos unos tiradores? ¿Eso sería lo suficientemente sexy?

Señoras, señores, yo voto por una teta libre, una teta risueña, una teta feliz. Una teta cuyo movimiento natural sea aceptado y alabado por nuestros hombres como lo son en las tribus primitivas. Voto por una teta libre que aunque se asemeje a un portero eléctrico de dos timbres, no sea víctima de la lascivia del señor constructor subido a su andamio y que tan elegantemente nos brinda palabras poco decorosas.

Sí, acompáñeme en esta cruzada: TODOS POR LA TETA LIBRE! Por su bien, por el de todas las tetas y todas las mujeres.
He dicho.

PD: Si estás de acuerdo con esta cruzada, uníte a este grupo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Guerra Silenciosa IV: La Venganza de La Señora II

Referencias anteriores: aquí, aquí y aquí también.


El fantasma de La Señora habita en mi casa.
Desde que me abandonó, mi vida ya no es la misma: lavo la ropa, la plancho, limpio mi casa, me arrodillo ante el inodoro, vacío alacenas llenas de fideos de hace 4 años, aspiro la alfombra, paso el trapo... Si bien es bueno el ejercicio, siento que La Señora me envía mensajes desde el más allá (más allá de mi casa, nomás).
Ayer por la mañana me quedé dormida así que a las apuradas me hice mi café con leche (lágrima, en realidad) y me fui hacia mi habitación para vestirme mientras de a sorbos bebía mi cafecito. Hace 9 años que hago esto, siempre muy smoothly, sin inconvenientes. Pero claro, ahora La Señora se está vengando de mí a la distancia y ausencia, así que se me fue la taza a la mierda. Leche por doquier: mi nuevo cubresommier con vainillitas, blanco impoluto era... mi mantita eléctrica para los dolores de cuello, ahora cuando la enciendo huele a leche podrida y se me queda pegada en la nuca... mis sábanas nuevas... todo lleno de leche... el interior del cajón inundado...
Y la Venganza fue compuesta: es decir, no sólo se me enchastró el hogar sino que se me duplicó la cantidad de horas de planchado.
Perdón, Señora, perdón... le voy a mandar una encomienda con Mortimers! 



miércoles, 15 de febrero de 2012

Guerra Silenciosa III: la venganza de La Señora

Mis asiduos seguidores no precisarán esta referencia, pero aquellos que no han leído todas mis historias necesitarán leer previamente esta anécdota y esta otra, antes de continuar este relato.
Sabrán entonces que mi relación con La Señora ha tenido sus ribetes de tire y afloje, siempre de manera silenciosa, por supuesto. Como consecuencia de mi negación a comprar una nueva La Mortimer - que me fue solicitada por La Señora por medio de notita en la heladera el 7 de Enero y cuya solicitud no logró los resultados esperados - se sucedieron situaciones inverosímiles en mi hogar.
La primera pista me la dio Bettina, nuestra maravillosa y musical Recepcionista. Conversando cerca de la impresora, le muestro mi pantalón violeta mancillado con lavandina: La Señora tomó Venganza. Habiendo visto que luego de mes y medio seguía la misma maltrecha, herida, magullada y vapuleada Mortimer en la cocina, se habrá desarrollado la siguiente conversación en su cabeza:
"¿Esta miserable me hace lavar los platos con esta Mortimer de mierda? Ya vas a ver, enana malparida".
Y fue así como el pasado Lunes me vestí dormida, me coloqué mi perfectamente planchado pantalón violeta, lo combiné con mi camisa lila y me fui a trabajar. Al llegar a la oficina, me miro. Y Bettina me dice: "Es la venganza de La Señora!". Y se ríe. Yo me quedo pensando. ¡No se me había ocurrido! Lo interesante de la situación, es que La Señora se hizo la gila olímpicamente habiéndolo planchado y colgado en la percha, sin decir ni mú. Ooooobvioooo... ¿qué otra cosa podría esperar? Son defectos de la profesión.
Gracias, Señora, porque ese pantalón me quedaba para el ojete. Sólo de ese modo podría haberme deshecho de él. Me hizo un favor.
Sin embargo, la estocada final llegó la semana siguiente: sin preaviso dejó de venir. No me llamó, no me dejó una carta, no se despidió con un beso. Me abandonó en silencio. Fue consecuente con nuestra guerra silenciosa que llevaba más de dos años. Lo que en silencio comienza, en silencio acaba.
Nunca quedó claro si su deserción fue por La Mortimer malhabida o por otros motivos. La explicación oficial es que encontró mejores rumbos en los brazos de su nietita de 4 meses, a quien cuidará a diario a partir de ahora. 
Y aquí estoy, planchando con la plancha a vapor que vomita agua por doquier por no haber aprendido a usarla nunca jamás.
Y La Mortimer? Allí sigue, como el 7 de Enero, con un agujero y lavando perfectamente. Una vez más, YO GANÉ (¿?).

sábado, 11 de febrero de 2012

Soy Famosa Ya?

Esto de tener un blog con casi 3.600 entradas en 1 mes y 10 días (nada desdeñable) es un poco perturbador.
No sé si soy famosa ya o qué, pero hoy a la mañana (Sábado tipo 11 am) con mi cerebro confuso y mi pelo despeinado, me cruza un vecino de los buena onda y me dice, a propósito de esta anécdota: "hagas lo que hagas, no compres Mortimer". O sea... mi vecino leyó mi blog y ahora sabe lo siguiente de mí: me atacó un animal gigante en Costa Rica, soy una amarreta con la mortimer, me levantan sólo los viejos, tuve una primera vez con un gerente, no puedo matar una cuca en tetas, me gusta sacar la basura en culo y un viejo choto se fantasea conmigo con una filmación de colegiala. Vivimos en la era de la No Privacidad, lo sé, pero que un vecino sepa todo eso de mí, me preocupa. Debería haberlo pensado bien antes de hacer un diario público, no?
Mis compañeros de trabajo me preguntan cosas de mi blog en el ascensor y por los pasillos. Noto un toque de complicidad, algo así como una guiñada de ojo invisible... onda "sé que sacás la basura en culo, ehh... ahhhhhh..." ¿Cómo impongo respeto después de esto?
Ahora que lo pienso, si soy famosa debería ignorarlos a todos, hacerme la asquerosa, ser como Su Giménez. Ah, cierto, yo ya hago todo eso.

martes, 10 de enero de 2012

Mi Primera vez en Twitter

La verdad es que Twitter es un verdadero rompedero de huevos. Si alguna vez pensé que mi primera vez en el sexo había sido difícil, no tenía idea de lo que me esperaba con Twitter.
Twitter tiene sus propias reglas, su cultura y su filosofía antispam. Y todas ellas se pueden ir bien al carajo, ¿ok?
Que si mando un mensaje lo ven todos, me enteré después de haber enviado 600. Conclusión: me convertí en La Señorita Spam. Gracias por avisarme...
Preguntas que me hago respecto a Twitter:
  • ¿Por qué la página se llama twitter y un mensaje se llama tweet? Absolutamente contradictorio, de jodido nomás el hijo de puta que creó la página. Onda... ¡unite pero que te resulte bien difícil usarlo, encontrarlo online y pronunciarlo! 
  • ¿Por qué no le puedo enviar un mensaje privado a un señor o señora que no me sigue a mí?  ¿Quién se cree que es que no puede recibir un mensajito mío?
  • ¿Por qué si le mando un mensajito a un señor lo ve todo el mundo y nadie me lo dice? ¿Eh? Parece que Twitter está lleno de voyeuristas. Solidaridad cero.
Por suerte, mi gurú en twitter y otros temas tecnológicos, el Señor Mister Gustavo Casals, (síganlónnnnnn @argiebear), me dio algunas clases de twitter: seguí a quienes te siguen, no espamees, no envíes tanto mensaje, personalizalo con el nombre de la persona "para que no crea que querés colgarte de las tetas de alguien que tiene más seguidores que vos" (sic). Nobleza obliga, sigan el blog de Gus!! http://theargiehome.blogspot.com/
Twitter no es para mí, pero evidentemente si no estás en twitter, no existís. Así que no seas garca y seguíme @jessboia y colgate vos de mis tetas.

jueves, 5 de enero de 2012

Guerra Silenciosa II

Quiero hacer algunas consideraciones al post "Guerra Silenciosa".

En primer lugar, no se trata de lo que cuesta La Mortimer porque marca Pindonga cuesta 3 mangos en el super chino. Se trata de principios. Es MI casa, MI Mortimer, MI plata. Y también se trata de Poder. ¿Está claro?

Además, ella viene ganando otra guerra, la importante: las horas extras.
Todos sabemos que en la vida de quienes necesitamos La Señora, ELLA TIENE EL PODER: viene cuando quiere y se va también cuando quiere. Limpia donde quiere, cuando quiere y como quiere. Y si quiere hacer horas extras aprovechando que vos no estás, las hace. Y vos como no sos un garca de cuarta, se las pagás, aunque le hayas enviado un sms diciendo: "No me haga más horas extras porque estoy ajustada con el dinero".

Es decir, retomando con el tema La Mortimer... La cuestión es: en mi propia casa, yo necesito tener el poder sobre algo. No tengo la sartén por el mango, lo reconozco. Pero tengo La Mortimer. Y eso ya es bastante. Así que a aquellos que me dicen: "comprale La Mortimer" por los pasillos de la oficina, o "Ella sabe de esto" en un comment de mi blog, les respondo esto. Para la gilada que no entiende nada del vínculo La Señora-Jessi.


miércoles, 4 de enero de 2012

Guerra Silenciosa

Hace dos años hay una guerra silenciosa en mi casa entre La-Señora-Que-Viene-A-Limpiar y yo, que vivo en mi casa.

El tema en cuestión: La Mortimer.

Hace 2 años llego a casa y entre las tantas cosas que hago, abro el tacho de basura - para tirar algo, se entiende - y veo el cadáver de una Mortimer. No me pareció muy muerta así que la levanto, la analizo y decido que MI Mortimer puede tirar unas semanas más.

La semana siguiente, vuelve la señora a casa. Y la vuelve a tirar a la basura. Y yo, al volver, la vuelvo a rescatar. Nunca hablamos sobre este tema.

Dos años después (o sea, hace 15 días), llego a casa y veo una notita donde La Señora me anota cosas a comprar: "cif, detergente, lavandina y La Mortimer". Miro mi Mortimer, y veo esto: 

Yo pregunto: ¿cuál es el yeite con mi Mortimer? ¿Qué, La Señora es TAN fina que no puede usar la Mortimer con un agujero? ¿Qué? ¿La Mortimer limpia desparejo con un agujero y no se lo puede bancar?

Fui al Supermercado y compré cif, detergente y lavandina. ¿Y La Mortimer? Bien, gracias. Ahí anda lavando platos con su agujero, perfectamente.