jueves, 26 de abril de 2012

Dos Pájaros Contraatacan en Buenos Aires

Cuando tenía 9 años y nos habíamos mudado a nuestro nuevo hogar, mi mamá escuchaba a Serrat todo el santo día. Entonces todas (Madre, hermana y yo) escuchábamos a Serrat. Ese viejecito lindo y tierno se me incrustó en mi cerebro, y empezó a gustarme. Y terminó gustándome más.
Me enteré que Serrat y Sabina venían a Buenos Aires con su Recital "Dos Pájaros Contraatacan" y compré entradas para llevar a mi vieja. Cuatro meses después, llegó la cita en el Luna Park.
Llegamos a los alrededores casi 2 horas antes (somos muy organizadas y obsesivas). El estacionamiento para recitales costaba 70 argentinos, y mi moisheada tiene un origen compartido, hereditario y podríamos decir, genético. Madre no quería pagar ese valor así que luego de dar unas vueltas encontramos un espacio en la calle, con parquímetro. Y festejamos haber cagado juntas al sistema. Hicimos High Five por los 70 pesos que nos ahorramos (que se ahorró, mejor dicho) y nos fuimos a tomar algo. ¡Hicimos negocio, Samuel!
Luego de una cena costosa en Starbucks, que a mi humilde entender "is over-rated", nos dirigimos al Luna Park. Estábamos contentas por compartir este momento y mi mamá hacía su show contándome anécdotas recientes (esto también es genético) mientras las actuaba en cuerpo y alma levantándose de su asiento.

Al rato, llegaron Ellos. Los pájaros en versión animación computada nos hicieron reír con las voces de Serrat y Sabina, en una introducción del maravilloso recital que estaba comenzando.
Abrieron a toda máquina con "Ocupen su localidad - Hoy puede ser un gran día" y el público los recibió con aplausos, gritos y declaraciones de amor.
Sabina movía sus patitas flacas con bailes cómicos y hacía zapateo americano mientras las coristas bailaban coreografías y movían sus manos y caderas cual bailaoras de Flamenco. 

Cada uno con su sombrerito: uno bombín, el otro estilo tanguero. Serrat, con su guitarra criolla, dulce y tierna. Y Sabina, con la suya bicolor, blanca y negra, moderna, guarra y muy rock & roll, que luego cambió por otras de igual estilo sabinesco. Uno con pantalón chupín y remera carcelera - no hace falta decir quién - y el otro, con pilcha muy clásica. Tan diferentes y sin embargo, ¡tan buena pareja! 

La mitad de los espectadores le gritaba a Sabina, y la otra a Serrat. ¡Los viejitos tienen arrastre!
Con movimientos toscos Serrat, y Sabina emulando a Mick Jagger con sus pasitos de baile y su deliciosa postura corporal, vestidos de traje blanco y moñito, fueron La Orquesta del Titanic, cantando sobre un fondo de escaleras del salón principal del barco hundido, con introducción de Murdock, integrante de los Les Luthiers. 

El escenario se teñía de colores según el humor de la canción: rojo, verde, azul, celeste, dorado... Y las luces blancas nos invitaban a cantar los coros. En una sola voz, los 13.000 espectadores cantamos claramente la letra de la ocasión. 
 
Mientras tanto, las vejetas de cincuenta y pico desafinaban a mi derecha y a mi izquierda. Mi vieja incluida. Yo entiendo: era la pasión y el amor por ese señorcito de sombrero tanguero y sonrisa simpática. 
Nos regalaron "Algo Personal", "Mediterráneo", "No hago otra cosa que pensar en tí", "Señora" y muchas más.

Luego de un cambio de vestuario, Serrat salió vestido de negro: moderno, con remera y saco negro, ¡el viejecito estaba sexy! "¡Qué lindo que es!" me dijo mi mamá, como una adolescente, pero más con ternura que calentura. Y yo disfruté verla así, feliz e ilusionada, y habernos regalado ese momento. 
En cada monólogo, Serrat bardeaba a Sabina, y Sabina a Serrat. Cada uno tuvo su tiempo de "solo" y luego cantaron a dúo. 



Ellos no dieron solamente un recital. Ellos hicieron un show: nos recitaron en lunfardo, hicieron monólogos de humor, nos sorprendieron con varios cambios de vestuario, nos mostraron que conocen nuestras costumbres argentinas, y bromearon sobre el conflicto Repsol. Sabían de los Wachiturros y de Zulma Lobato y comentaron acerca de la pelea sobre el subte entre Macri y Cristina. Y como frutilla del postre, Serrat hizo malabares con pelotitas de tenis. Todo esto, en un intento por ganarse nuestros corazones, como si lo precisaran. No fue un recital, no. Fue una experiencia, una vivencia. Un momento compartido a atesorar.
Mi mamá estaba feliz, y eso era todo lo que me importaba. Bailaba en su asiento meneando sus hombros, cantaba cada canción, aplaudía, sonreía y reía. Le gritaba a su ídolo al final de cada tema y cuando él cantaba, mi mamá se acercaba al borde de su asiento como deseando acortar la distancia entre ella y su ídolo. Me dio ternura y acaricié su espalda disfrutando verla feliz.
Llegó el final del encuentro y con "Cantares" nos miramos cantando a coro. Es que Serrat me conecta a mi vieja de un modo especial: en nuestro primer hogar con paz, sólo se escuchaba a Serrat (y a Valeria Lynch). Fue un recital con sabor a niñez.
Serrat y Sabina se fueron. Los Pájaros animados se despidieron y el público pidió un Bis. Luego de un rato, accedieron y nos dieron más pero luego volvieron a irse. "Van a volver, vas a ver, yo los conozco", dijo Madre. Y tenía razón. No sólo nos dieron el bis, sino también un tris. Un tema mejor que el otro, la excitación colectiva se sentía en el aire. Todos estábamos contentos. Parecíamos miembros de una ciudad pacífica, hasta que el recital terminó. Los pájaros, desplumados y agotados, se despidieron tirándonos besos.

Nos fuimos caminando por la calle Bouchard, recordando cómo nos acompañó Serrat en nuestra nueva etapa, allá por el año 1986, y en adelante.
Casi 200 dólares en dos entradas para ver a estos dos pajarracos maravillosos y recordar cómo éramos y dónde estábamos 26 años atrás (¡caramba, que estoy vieja!). Nada de eso tiene precio. 
Serrat es sinónimo de familia, hogar, niñez, crianza y remo. Te amo, vieja. 
Ésta fue para vos.

PD: Al volver al auto encontramos una multa y esta notita:
PD2: Me cago en los parquímetros porteños.

PD3: VISA nunca me cobró los 200 dólares de las entradas.


viernes, 20 de abril de 2012

Viví la Aventura: subite al subte porteño

Viajar en el Subte Porteño es toda una aventura. Como turista. Ahora… ser porteño y estar condenado a viajar día a día en el subte, es un verdadero castigo. Ser argentino duele. Y ser porteño, más.
En primer lugar, atravesar las puertas del subte en verano provoca un acto reflejo: el tufo a ser humano concentrado lleva tu cuerpo imperceptiblemente hacia atrás en un intento de resistirse a lo que lo estás sometiendo. Es que el desodorante y la ducha diaria no son prácticas habituales de algunas personas y en pleno verano es cuando más se nota.
El efecto sardina que pega tu cuerpo a los cuerpos ajenos, te permite experimentar sensaciones nunca antes vividas: sentís la calidez humana, su piel, su aliento. ¡Todas cosas que detesto! ¡Bañate, viejo! ¡Lavate la cabeza! ¡Usá Colgate Total 12, loco! 

contacto cuerpo a cuerpo
brazo atraviesa cerebro ajeno

Yo entiendo que en el verano la temperatura del subte es como de 50 grados, pero no da que los hombres vayan en camiseta y voy a explicar el por qué: si no consigue asiento, el susodicho debe viajar, obviamente, parado. Un acto natural entonces para acompañar los vaivenes del transporte es subir su brazo y tomarse de las agarraderas. ¿Y qué ocurre? ¡Vemos su chivo! ¡Eso no es sexy! ¿Alguna mujer le dijo a un hombre que es sexy el pelambre de su axila? No. Entonces, ¿por qué lo exhiben con tanto orgullo? No entiendo… ¿Hay alguna equivalencia del tipo ´cuanto más pelo tiene la axila, más grande el miembro viril´?

Por mi parte, como mido 1,56 m y no llego a las agarraderas, no me queda otra opción que dejarme sostener por los cuerpos ajenos y ejerzo el “hay que apechugar y bancársela”. No me gusta el contacto de mi piel con otra piel en el pequeño espacio de un subte sobrepoblado, tengo un leve OCD (TOC, en español). Siento en mis poros el mal olor popular compartido, que resulta de la convivencia fortuita con personas NN. ¿Queda mal tirarle perfume al de al lado? Recién bañada y perfumada, siento las gotitas de sudor rodar por mi cuerpo y estoy lista para volver a ducharme donde sea.

Y luego de un tiempo de investigación, traigo para ustedes Los Infaltables: personajes del subte que le dan color a la aventura. A continuación, el detalle:
  • Los D.A. (Depravados Anónimos). En esta categoría tenemos unos cuantos con perversiones distintas.
o   Está el rozador, aquel que disfruta con pasar una parte de su cuerpo por la tuya, como quien no quiere la cosa. Y se hace el gil escudándose en el poco espacio que hay.
o   Luego tenemos al apoyador, creo que no hacen falta las explicaciones, pero por las dudas: una siente algo en ese espacio maravilloso que tenemos las mujeres por encima de nuestro trasero, donde muchas tienen un tattoo (es que como soy petisa, los paquetes ajenos me llegan a esa altura). No sabemos si es una valija, una linterna, o si el señor está alzado. Pero como no podemos movernos para comprobar qué es, nos quedamos piolas y silbamos bajito.
o   El contactador. A este señor le gusta sentarse a tu lado aunque haya todo un banco de asientos libres. Vos te movés hacia la izquierda, él también. ¿No entiende que si te movés no es para que él se mueva también? ¿Qué tiene el latino que necesita tanto contacto humano? Él disfruta de tu cuerpo, el contacto de tu ropa, tu perfume. Y se hace la fantasía de poseerte en el subte, allí frente a todos. Luego te das por vencida, y te cambiás de asiento y la misma dinámica comienza con la pobre mujer que se sienta a su lado.
  • En la esquina del subte suele sentarse el oloroso sin causa. Al principio imperceptible pero luego penetra tus narinas. El señor huele a orina, a chivo o simplemente a humano que no se duchó en una semana entera. Es preferible viajar parado, lejos de él, que disfrutar del alivio del asiento.
  • Los músicos de alma. Ellos van con sus auriculares en sus oídos pero nos dan un show por el que no pasan la gorra: cantan en voz alta para todos. No importa si afinan o no, ellos comparten el amor por la música. Y el otro, el cumbiero sin causa, que en plena mañana te clava una cumbia con su radio portátil a todo volumen. Y es allí donde mi instinto asesino aparece (y me preocupa).
  • Estos son personajes con los que me fui encontrando durante estos meses de investigación y para los que aporto pruebas irrefutables:
o   el levanta quiniela: lleva una libretita inentendible con códigos y números y vigila de reojo que no estés mirando. Pero claro, no cuenta conmigo y mis estrategias sacafoto en lugares públicos.
o   el pianista: él escucha música, pero no canta. No. Toca el piano. Un piano invisible que sólo él conoce y puede ver. Sus dedos vuelan y se mueven al ritmo de la música. Y tocan una melodía maravillosa (no te pierdas el video). En esta misma categoría tenemos al air guitar,  pero no tuve la suerte de poder filmarlo.

  • Y por último, el roba asientos descarado. Y aquí incluyo a los hombres. En el pasado, este accionar correspondía sólo a las viejas chotas que corrían desde la otra punta del subte hasta el asiento que veían desocuparse. Pero ahora, los hombres han perdido toda caballerosidad y luchan por el tan preciado lugar a la par de las mujeres. Esto es una selva, señoras y señores, y yo también tuve que aprender. Me volví una capa robando asientos. La clave es: “si usted quiere robar un asiento, no mire a los ojos a quien le está robando. No quiera alimentar su placer viendo la cara de culo del asaltado, no quiera regocijarse con el dolor ajeno o con la victoria de un hurto del que salió sin culpa y cargo. Robe sin mirar atrás y disfrute de su asiento”. 


domingo, 15 de abril de 2012

Mi Primera Vez en El Monumental

Esta nota fue publicada en el Diario Olé, aquí.

Sábado 15 de Abril de 2012
El camino desde Olé hasta El Monumental nos llevó por el Río de la Plata color caca y con veleritos blancos en el horizonte. El panorama y el pronóstico de lluvia aventuraban un partido de mierda. Tampoco ayudó nuestro remisero, que entrado en años, sordo y medio chicato esquivaba los autos como si estuviéramos en los autitos chocadores del Italpark. “Esto viene jodido, lo sé”, pensé.
Llegamos al estadio millonario: pisos alfombrados, paredes impecablemente pintadas y butacas vestidas de pana para los ricachones. Ah, bueno, acá hay tarasca, parece. Con mi compañera de ocasión, Verónica Drygailo, visitamos las cabinas de radio donde los señores, armados con sus micrófonos y walkie talkie tecnológicos, nos recibieron con aroma a hombre. Concentrado.

Llegamos justito, a 5 minutos de comenzar el partido. La cancha estaba al 80% de su capacidad: casi 50.000 personas vestidas de rojo y blanco concentradas en las gradas, cantando a una sola voz, esperando a sus ídolos entrar por las mangas mágicas del estadio. Hay que buscar dorima acá, chicas.

El locutor comenzó a indicar el número de camiseta para cada jugador y la hinchada enloqueció al nombre de Trezeguet. Yo le doy 3 Tangas, en mi escala del 1 al 5. Estaba sentada tan cerca de los jugadores que podría haber tocado ese maravilloso y duro trasero de Cavenaghi, pero no me animé. Un par de partidos más ¡y no respondo de mí!

El plantel de River hizo su aparición y su hinchada, fiel y seguidora en la desgracia, le dio la bienvenida con gritos, platilllos y papelitos. Medio amarrete el papel picado, comparado con la explosión de La Bombonera. A ver si te ponés con unos morlacos más, Pasarella. ¿No son millonarios, acaso?
Huracán apareció en la cancha y la hinchada le chifló como si fuera el Anticristo. Vestidos de blanco, más que futbolistas parecían heladeros. Cero sentido de la moda estos pibes.
La verdad es que el primer tiempo fue más aburrido que chupar un clavo. En el entretiempo me fui a morfar, como no podía ser de otra manera. Al mejor estilo Millonario, mi hamburguesa vino envuelta en papel metálico, todo muy higiénico. E insípido. Nada que ver con la hamburguesa roñosa de La Bombonera, entregada en mano mugrienta por el vendedor, pero deliciosa como la puta madre. Esta hamburguesa, como el partido, tenía gusto a nada. Prefiero la roña de Boca con sabor a pimienta y gol. ¡Pongan huevo, muchachos! ¡Dejen un cacho la corrección y métanse en el fango!

13 minutos después del segundo tiempo llegó el primer gol – aunque en contra. Y ahí, señoras y señores, ahí festejé con patada, puñetazo y grito. Festejé con el alma, como mina 100% con gritito agudo y movimientos torpes. Los muchachos de Huracán se pusieron de culo, tanto que les rajaron un jugador con la deliciosa roja. ¡Que se curtan!
20 minutos después, Cavenaghi nos sorprendió con el segundo gol y lo único que pude pensar fue: “Boca, la tenés adentro”.

domingo, 25 de marzo de 2012

Mi Primera Vez en la Bombonera

Esta nota fue publicada en el Diario Olé, aquí.


25 de Marzo de 2012. Partido Boca-Lanús en la Bombonera.

Con tufo a porro mezclado con chori me recibieron los alrededores de la Bombonera. Las panzas de los fans asomaban por debajo de sus camisetas azul y oro. Ésta fue la primera imagen de mi primera vez en la cancha de Boca. Confieso que entré con cagazo, la vista no era lo que diríamos cordial pero le puse pecho – cosa que no me falta – a la situación y me adentré al lugar. Con mi credencial de Periodista del Diario Olé me sentía todopoderosa, cual Mujer Maravilla, y ya no me importaba nada.

La Bombonera desde la entrada
Los de Seguridad hablaban y se movían como capangas, con sus pechos inflados, no sé si por músculos o por exceso de grasa, aunque me inclino por lo segundo. La cosa estaba pesada porque dos horas antes del partido, los barras de la 12 se habían cagado a tiros con los cuidacoches en la Bombonerita. Y contra todas las probabilidades, no me cagué.




Stornelli en la rueda de prensa
"Vamos a los vestuarios" me dijo Ariel Kertzman, mi chaperón para la ocasión. Ilusiones me hice de ver a futbolistas en pelotas mostrándome sus hermosos, duros y turgentes traseros, sus planchas de ravioles sobre sus abdómenes, sus musculosas pantorrillas... Me los imaginé con las toallas blancas atadas en la cintura, pero no. En cambio, vimos a Carlos Stornelli explicando la balacera de la Bombonerita. ¿Y a vos qué minita quiere verte, Stornelli?
Luego nos encontramos con nuestros asientos privilegiados del Sector Prensa. Y allí estaba ella: sentí que San Pedro había abierto sus puertas de par en par para mí. Soberbia e imponente me miraba la Bombonera como diciendo: "vos, minita insignificante, no existís". Los más de 200 faroles iluminaban la cancha y la hacían parecer más enorme y magnánima todavía.



Blindex de por medio estaba la barrabrava de la 12: banderas azul y oro envolvían el sector de pies a cabeza y la muchachada cantaba al unísono "No me importa lo que digan, lo que digan los demás, yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más". Se movían al ritmo de la batucada, agitando sus brazos como si estuvieran bailando cuartetos de Rodrigo, dignos de una coreografía de Bailando por un Sueño. Les faltaba el tutú y las lentejuelas...


Al rato entraron las minitas en pelotas. "Son Las Boquitas", me explicó Ariel. Meneando sus caderas y sacudiendo sus porras, listas para la ocasión de convertirse en botineras, las muchachas vestían escuetas bikinis para el deleite de la muchachada calentona. ¿Y para cuándo los strippers para nosotras? ¡Esta cancha discrimina, loco!

Salió el plantel de Boca y el cielo explotó con papelitos de color azul y oro. La hinchada enloqueció. Los cantos de apoyo, los bombos y los platillos vibraron junto a las gradas. Y mi piso se movió. Wow... ¡Esa es la pasión de la que tanto me hablaban! ¡Existe, carajo, es real!

Y el partido comenzó. 
- ¿Dónde mierda la tiene que meter Boca? - le pregunté a Ariel. 
- ¿Es un personaje el que estás haciendo o de verdad no sabés? -  me respondió. 
O sea... ¿por qué mierda debería saberlo yo? ¿Acaso hay un cartel informativo y me lo perdí? Para no parecer más pelotuda de lo que en realidad ya soy, me calcé mi walkman del año 1985 y me puse a escuchar el partido. No sé si para gastarme o qué pero mi compañero me preguntó:
- ¿Sabés que juegan 11 de cada equipo, no? - Claro, soy minita pero no idiota.

En un momento de aburrimiento (porque hay que decirlo: al principio este partido no tenía mucha onda que digamos) me puse a jugar con mi camarita de fotos, tratando de sacar una fotito a los jugadores mientras los apretaba con mis deditos. Detrás de mí, un Seguridad capanga me miraba con complicidad esbozando una sonrisa. "Mina tenía que ser" habrá pensado. Sí, ¿y qué? Ustedes se divierten con 22 chabones persiguiendo una pelota, así que mejor no hablemos del tema. 
A todo esto, me picaba el bagre. Aproveché el entretiempo y me fui a comprar una hamburguesa. El triste sánguche con no más que pan y carne costaba 15 mangos. Con las mismas manos roñosas que recibía el dinero, el señor me entregó mi alimento. Y yo, que siempre ando con alcohol en gel en la mochila; yo, que al salir del subte y al llegar a cualquier lugar me lavo las manos indefectiblemente, me engullí la hamburguesa como si fuera La Última Cena. ¡Y estaba como la puta madre!

Mouche metió el primer Gol para Boca y Marchesin quedó solito, triste y desamparado, y me dieron ganas de consolarlo, ponerlo sobre mi pecho y decirle que todo estaría bien. Pero a los dos minutos, Riquelme lo hizo mierda con otro gol y mi instinto maternal se fue al carajo. Dos goles en cinco minutos, no hay mina que te banque, viejo. Y con cada Gol de Boca, yo festejé. Yo, que no soy bostera. Yo, que estaba allí como mera observadora. Yo festejé. ¿Qué poder que ejerce Boca sobre mí? Tendré que averiguarlo.

PD: Al terminar volvimos a Vestuarios y vimos a Falcioni, DT de Boca, con su interesante cara de ojete. Pero eso es lo menos importante de esta nota.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Yo también soy Virginia Lago

Hace unas semanas descubrí a Virginia Lago, actriz argentina, promocionando películas en un canal de aire. Me llamó la atención su tono y mirada alegre considerando que presentaba una película terriblemente deprimente.
Unas semanas después, comenzaron a hablar de esto en los programas humorísticos y redes sociales. El tema se convirtió en un Boom y en Youtube se subieron muchos videos imitándola.
Huelga decir que tengo un ojo biónico que todo lo ve antes que nadie. ¡Que se sepa!
Aquí les presento MI video de Virginia Lago. Espero les guste!

Click AQUÍ para ver el video.

Reporte de Viaje: Mar de las Pampas

Gracias a la falta de privacidad de la época en que vivimos y por haber visto las fotos de mi vieja en su Facebook de su viaje a Mar de las Pampas, me ligué una visita gratarola a la Costa, tras sacar a relucir mis habilidades moishes de garronear vacaciones. Allí vamos!
Me compré mi pasaje en 10 minutos y desfilé por toda la capital federal en busca de una malla que quedara bien en mi crecido trasero, producto de darle a los postres duro y parejo. Si hay algo que tengo es autocrítica.
Acostumbrada a la burguesía, había tomado la única decisión razonable: ir en taxi hacia la Terminal por $ 25 aprox. Pero por consejo de Don Kasalsky realicé viaje en bondi por la módica suma de $ 1,25.- Pese a no ser moishe, mi compañero de trabajo ahorra dineritos. Gracias, (semi) paisano!
Mala semana la mía: los piqueteros de turno decidieron cortar las calles de la estación de ómnibus así que me tuve que bajar a 5 cuadras de la Terminal. Gracias a eso, pude "disfrutar" del siguiente paisaje: lindos puestitos de venta ambulante con variados productos: zapatillas Naik, calzones, bombachas, lentes de sol, billeteras, bolsos, valijas y merca para todos los gustos y morochos con caras de mafiosos ¡totalmente en cueros! Muchachos de Senegal vendiendo anillos dorados truchos y cadenitas de todos los colores y tamaños. Señora panzona peleaba con muchacho Senegalense a los gritos despavoridos y como no podía ser de otra manera, hice uso y abuso de mi pequeña contextura física y salí disparando hacia la otra punta. Cagona. Sí, ¿y qué? Quise sacar una foto para mis lectores, pero temí que me amputaran la mano con la cámara, así que se las debo.
Llegué temprano a Retiro y me dediqué a esperar, sosteniendo mi mochila como si fuera mi bebé recién nacido. Sentado a mi lado divisé señor sospechoso con anteojos oscuros, olor a chivo y zapatos náuticos marrones con medias de toalla en pleno verano. Tuve miedo de que me secuestrara así que envié a mi madre el siguiente mensaje de texto: "Voy con jean azul, remera turquesa, sandalias con tiritas marrones y mochila roja con negro, por si me secuestran. JAMSE" y me toqué la teta izquierda, como corresponde. Mi madre, super contenedora, ni me respondió. Gracias vieja por la onda!
Me apeeé en el bondi de 2 pisos pero en la planta baja, pensando "si el bondi choca o vuelca, los de arriba se hacen torta primero". ¡Tengo que estar en todo! El baño estaba justo frente a mí. ¡Qué suerte! (ironía)
Me había preocupado la cena porque estoy en actitud gorda chancha morfona así que consulté con la Autoridad Superior: Madre. 
- ¿Qué onda la cena? - le había preguntado antes de viajar. 
- Ay, es genial, andá tranquila que te dan unos sanguchitos re ricos - eso dijo. 
Pero yo soy una jodida desconfiada y me compré mis propios sandwiches. Al dirigirme a mi asiento observé una cajita de cartón. Era la cena del bondi: 2 barritas de cereales - que aborresco - un chocolate con relleno crocante, una bolsita de maní japonés (símil comida para perros) y dos caramelos de dulce de leche. Menos mal que siempre tengo un Plan B.
Salimos de la Terminal de Ómnibus y pasamos al ladito de la Villa (foto). Me cagué.
Me había prometido a mí misma tomar poco líquido para evitar ir al bañopúblicoambulanteconolorameoyotrascosas, pero a la media hora del viaje me clavé un alfajor de maizena y se me apalomó la boca. Media botellita de agua y directo al baño. ¡Mierda! Hice flexiones sobre el inodoro porque ¡bajo ningún punto de vista mi traserito tocaría ese inodoro! Y justo el ómnibus pasó por un bache lareput&*^%$#@$%^&!!! Pero igual, Ossssoooooooo... ¡¡no toquéeee, lero lero!!
Entrada la noche le dí a mis sandwiches con orgullo mientras todos los otros infelices se cagaban de tristeza con sus barritas de cereales rococó.
Al llegar, me esperaban con un asadito... qué buena vida! Fuimos a comprar postre pero Freddo ya estaba cerrando y los vendedores no quisieron vendernos porque ya habían cerrado la caja. Yo hubiera hecho la gran te vendo un kilo pero no te doy ticket y me quedo con la plata. ¡Qué pibes giles y con poca calle! Luego fuimos a Havanna a buscar cosas dulces y lo mismo: cerraban... pero yo soy-en-can-ta-do-ra y mis clases de teatro devolvieron su inversión: pegué mi rostro a la ventana vidriada y las palmas de mis manos con sus dedos extendidos al costado de mi cara, mientras gritaba: "¡TORTAAAAAAAAA! ¡TORTAAAAAA!". Lo repetí como 7 veces... Parecía un zombie come-cerebros. Los vendedores empezaron a reír y abrieron sus puertas de par en par. Sentí que las puertas del Cielo se abrían ante mí (lo dije: estoy una gorda morfona y la idea de darle al chocolate es mi equivalente al Nirvana). Luego de la compra, posé para la foto para mis seguidores y los vendedores me sacaron una también. Luego comimos Havannets y galletitas de limón ¡ñam, ñam!
 
Las cabañas donde estábamos no eran muy copadas pero sí los alrededores: mucho bosque, mucho verde, mucho árbol y plantas por doquier. Parecíamos estar viviendo en plena selva. Maravilloso. Al día siguiente nos mudamos al Apart Hotel & Spa Careyes. ¡¡Eso sí que es un hotel!! ¡Espectacular, cucú! Pile climatizada al aire libre... cabañas equipadas con tutti, te llevan la comidita a la pile... Al rato de llegar me mandé dos burritos... ¿Para qué va una de vacaciones si no es para morfar? ¡La pileta y el mar son secundarios!
 
Al día siguiente visitamos el Spa: masaje descontracturante + sauna húmedo + sauna seco + jacuzzi. En el sauna húmedo, incursionamos en los llamados "pedos de espalda": mi mamá descubrió que su espalda hacía ruido de sopapa con el piso mojado y aprovechando que estábamos solas los repetía cual niña de 5 años. Son esos pequeños momentos que generan recuerdos hermosos, ¿no? Me puse cursi, perdón.

Como broche de oro, me ragalé un masaje y otro a mi vieja. La sala blanca inmaculada olía a rosas y en el medio, allí estaba la camilla lo suficientemente ancha como para alojar mis carnes fofas. En un agujero introduje mi cabeza y me entregué a los placeres mundanos. Y fui burguesa. La música de The Beatles con grititos sapucai, instrumentos de viento y zapateo americano me hicieron sentir que estaba en Salta siendo amasada por indígenas autóctonos. Faltaba la empanada salteña como despedida y hubiera sido EL masaje. ¿Gorda yo? 
La cena comunitaria me sorprendió con una imagen alojada allí en el espacio más recóndito de mi cerebro: mi mamá cocinando. Allá lejos y hace tiempo, cuando yo tenía 15 años (hoy casi por cumplir los 35) mi mamá cocinó por última vez. Y en este viaje los cornalitos pescados por Quiquín se convirteron en la oda culinaria de mi Madre. Le sacamos fotos y la felicitamos como si hubiera sido ella la compositora de la Sinfonía Nro 9 de Ludwig van Beethoven.
Llegó la hora de irnos y mi mamá quería que nos ayudaran a bajar las valijas. Levantó el tubo y marcó el 0 en el teclado de la alarma de la cabaña. Y me miró con ojos de pez inteligente...

lunes, 5 de marzo de 2012

Lo que odio de ser mujer

Si hay algo que odio de ser mujer no es lo que estás pensando, no. Eso sólo molesta una vez por mes desde los 12 hasta los 52 años aproximadamente, son 40 años (nada, no?)... pero no es lo más jodido de ser mujer.

¿Los zapatos ajustados, quizás? Los tacos aguja con punta, increíblemente mal diseñados: o sea... no sé tus pies pero los míos no terminan en punta. ¿Para qué comprar un zapato puntiagudo si a los 10 días de usarlo quedará deformado por acción del dedo gordo? Aunque caminar por las calles de Buenos Aires sobre el asfalto o los adoquines sea una de las cosas más difíciles de hacer en esta vida... los zapatos no son lo que más me molesta de ser Mujer, incluso si una pierde el taco en esos recónditos espacios pensados por los hombres para cagarnos la vida. ¿Y qué me cuenta usted, señora? ¿En qué estado vuelven sus pies después de 10 horas con esos zapatos puntiagudos? No me va a decir que no le molestan para nada, que disfruta usarlos pues le estilizan las piernas... no me diga que se ve más femenina y por eso aguanta esa tortura diaria y espantosa de ir subida sobre esos 10 centímetros. No me diga "prefiero morir hermosa sufriendo en lugar de cómoda y fea". No, no se lo permito.

El maquillaje. Usted que se maquilla, ¿piensa que si no lo hace parecerá un escracho, un bodoque? Sí, por supuesto que será así y mucho peor también. Pero cuando se levanta a la mañana, ¿lo hace maquillada como las mujeres de las películas de Hollywood? No, claro, a no ser que se despierte a las 4 de la madrugada y se dirija al baño a hurtadillas para maquillarse y vuelva a acostarte Diosa junto a su hombre (hay casos). Si usted hace eso, permítame decirle que es una verdadera Idiota con mayúscula. Y si usted no es de esas, su compañero la ve como un cuco maloliente y despeinado, además de ver su verdadero rostro lagañoso y esas ojeras que cada mañana con tanto ahínco desea ocultar. ¿Vale la pena usar toda esa porquería pegajosa, calurosa y provocadora de granos sólo para impresionar al muchacho del subte, al kioskero, al Gerente de Marketing? ¿Por qué hacerlo si su marido anda por la casa con la panza al aire, y en el almuerzo dominical su remera cuelga elegantemente sobre una silla mientras el tuco cae sobre su pecho y sus vellos? ¡Hay que darles a ellos lo que ellos nos dan a nosotras!

¿Qué me dicen de la depilación con cera caliente? Debo decir que me depilo por deseo propio, pero usted que hace 6 meses no tiene pareja y tiene los pelos como para hacerse trenzas y de repente se levanta al kioskero y va corriendo a pagar $ 80 por la depilación del cavado profundo y la tira de cola, ¿usted piensa que su compañero se va a depilar el bosque? ¿Quizás los pelos de la espalda? No, señora! No se ilusione! Y guay que usted tenga 3 milímetros de vello rasposo en sus piernas, que el kioskero le dirá: "los pelos de tus piernas, me raspan".

El uso de la pastilla anticonceptiva es un capítulo aparte. Mientras usted se llena de hormonas cual milanesa de pollo, su marido, novio, amigo con privilegios, amante y otros etcéteras, goza de una salud corporal hormonas-free. Pero todo por prevenir un embarazo, claaaaaaaro... ¿Y para qué corno está el preservativo entonces? ¿Me lo puede explicar usted, señor? ¿Si le digo que salió la pastilla anticonceptiva masculina, me va a decir que la va a tomar? No sea mentiroso! Ahora el Papa Benedicto XVI aprobó el uso del preservativo, ¿qué espera usted para usarlo?

Y me falta la cocina... ni hablar de eso. Es un sinsentido y no lograremos nada.

Lo que más odio de ser mujer, realmente, luego de haber hecho todo el análisis anterior... lo que más odio con toda mi alma y desde lo más hondo de mis entrañas... es el maldito corpiño. Los hay deportivos, normales, puntudos, con puntilla, con broderie, con calado, con pelotitas, con relleno, sin relleno, con push up, de algodón, de tela transpirosa, clásico o de satén... hasta ahí, bueno, todo bien... Una elige qué ponerse para cada ocasión. Pero ¿es necesario meterle un alambre para que no se nos caigan las lolas? ¿Es realmente lo mejor que hasta el año 2012 pudieron inventar? ¿Qué tal si esos caballeros que inventan cohetes espaciales se ponen un rato a pensar cómo pueden hacer para que no se nos caigan las tetas, tetotas, tetitas, melones, huevos fritos, pomelos, limones, etc? ¿Qué tal si en lugar de un corpiño con alambre usamos unos tiradores? ¿Eso sería lo suficientemente sexy?

Señoras, señores, yo voto por una teta libre, una teta risueña, una teta feliz. Una teta cuyo movimiento natural sea aceptado y alabado por nuestros hombres como lo son en las tribus primitivas. Voto por una teta libre que aunque se asemeje a un portero eléctrico de dos timbres, no sea víctima de la lascivia del señor constructor subido a su andamio y que tan elegantemente nos brinda palabras poco decorosas.

Sí, acompáñeme en esta cruzada: TODOS POR LA TETA LIBRE! Por su bien, por el de todas las tetas y todas las mujeres.
He dicho.

PD: Si estás de acuerdo con esta cruzada, uníte a este grupo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Guerra Silenciosa IV: La Venganza de La Señora II

Referencias anteriores: aquí, aquí y aquí también.


El fantasma de La Señora habita en mi casa.
Desde que me abandonó, mi vida ya no es la misma: lavo la ropa, la plancho, limpio mi casa, me arrodillo ante el inodoro, vacío alacenas llenas de fideos de hace 4 años, aspiro la alfombra, paso el trapo... Si bien es bueno el ejercicio, siento que La Señora me envía mensajes desde el más allá (más allá de mi casa, nomás).
Ayer por la mañana me quedé dormida así que a las apuradas me hice mi café con leche (lágrima, en realidad) y me fui hacia mi habitación para vestirme mientras de a sorbos bebía mi cafecito. Hace 9 años que hago esto, siempre muy smoothly, sin inconvenientes. Pero claro, ahora La Señora se está vengando de mí a la distancia y ausencia, así que se me fue la taza a la mierda. Leche por doquier: mi nuevo cubresommier con vainillitas, blanco impoluto era... mi mantita eléctrica para los dolores de cuello, ahora cuando la enciendo huele a leche podrida y se me queda pegada en la nuca... mis sábanas nuevas... todo lleno de leche... el interior del cajón inundado...
Y la Venganza fue compuesta: es decir, no sólo se me enchastró el hogar sino que se me duplicó la cantidad de horas de planchado.
Perdón, Señora, perdón... le voy a mandar una encomienda con Mortimers! 



miércoles, 22 de febrero de 2012

Mi Clase de Gym con Profe Cachondo

Hoy tomé mi tercera clase de Gym, pero primera con Profe Cachondo. Muy copado, debo decir.
Igualmente, voy a comenzar desde el principio, desde el momento mismo en que llegué a mi casa desde el trabajo y me vestí para mi gran clase. 
Si bien el fin de semana largo me compré un pantalón como la gente marca Speedo, debido a que mido 1,56 m el pantalón me quedaba obviamente largo y debió hacer una visita a la costurera. Así que la vestimenta de hoy, no era otra que la patética calza con la patética remera que venía usando anteriormente. Me cambié rápido y me olvidé de un pequeño detalle, que más adelante les contaré.
La gente me miraba en la calle: creo que mi culo sin protección llamaba la atención, además de mi pechuga con remera ajustada. Es que el detalle que me olvidé antes, fue cambiarme el corpiño así que circulaba por la calle con mi calza y el culo al viento, y con una remera deportiva ajustada con mi corpiño de push up, cual Cicciolina desvergonzada.
La cuestión es que en la esquina del gimnasio vislumbré una remera más discreta que adquirí por el módico precio de $ 45. Ingresé al gym y comencé mi clase con profesor nuevo. Muy copado, puso música cachengue-fiestera "fue como una rá-fa-ga tu amoooooor... me enamoróoo" y ese tipo de música cumbiera. Mientras, el profesor nos alentaba con frases como "Dale, que se viene el otoño y vamo´ a morfaaaaaaar... jojojo..." La verdad es que era gracioso y le daba mucha onda a la situación moverelculoesmasdolorosodeloquehabíapensado.
Al ritmo de la música, gestitos de mano arriba, cual si estuviéramos cantando en la cancha, hacia la derecha, luego al frente, luego a la izquierda, ahora agregamos piernas. No pude coordinar piernas con brazos así que me limité a los brazos. Y luego los saltitos. Y es aquí donde descubrí cuál es el problema de hacer gimnasia con corpiño armado.
Los hombres no entenderán esto así que lo voy a explicar escuetamente: ir al gimnasio con corpiño armado con push up y alambre, no es buena idea. Ustedes se preguntarán por qué. Y yo les voy a explicar: hacer gym con corpiño con alambre es tan parecido a circular en bicicleta con una argolla de metal en cada testículo. A buen entendedor, pocas palabras. Cada saltito era un rebote de mis amigas, Lola y Lolita. Y era un dolor de lolas, realmente. Pero no iba a abandonar por esta pequeñez. No. Me dirigí al vestuario y me saqué el corpiño. ¿Y qué? ¡Éramos todas minas ahí! Finalmente no pude decidirme si era peor con o sin corpiño, pero al final dejé de hacer los ejercicios de saltitos: ellas rebotaban.
Luego bracitos tipo esquiar hacia la derecha y hacia la izquierda, mientras Profe Cachondo decía: "Aaahh, éste les sale bien eh!! (guiñada de ojo)".
El profesor animaba cada ejercicio mientras lo enseñaba de dorapa. Así cualquiera, eh. Mañana empiezo a dictar clases yo también...
Luego pasamos a Piernas. Debíamos acostarnos y levantar ambas piernas formando una V: nuestro culito era el vértice y las piernas en el aire formaban la V. Había que abrirlas bien, esa era la indicación profesional. En un momento, Profe Cachondo se acerca a alumna vaga y le dice: "Daaaaaaaaaale, abrilas bien que ahí no entra nadie eh!" Y parándose cerca del vértice de la alumna, la mira como diciendo "yo no entro acá, abrime las gambas, mamasssssa".
En esta foto podrán ver mi pierna haciendo el ejercicio, y al profesor parado mirando nuestros traseros y vértices. Hice la parabólica humana para sacar esta foto para ustedes, mis fieles seguidores. Onda... "mando un mensajito de texto mientras levanto las patas, pan comido".
Y una vez más, analizo a mi profesor y observo una interesante protuberancia en la zona de su estómago. Y no hago más que volver a preguntarme: "Si él hace gimnasia y tiene esa buzarda, ¿de qué me sirve a mí todo esto?".
Luego de la clase volví a mi hogar, y me clavé soberano plato de tallarines con crema. Pero que no se diga que no hago actividad física.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Guerra Silenciosa III: la venganza de La Señora

Mis asiduos seguidores no precisarán esta referencia, pero aquellos que no han leído todas mis historias necesitarán leer previamente esta anécdota y esta otra, antes de continuar este relato.
Sabrán entonces que mi relación con La Señora ha tenido sus ribetes de tire y afloje, siempre de manera silenciosa, por supuesto. Como consecuencia de mi negación a comprar una nueva La Mortimer - que me fue solicitada por La Señora por medio de notita en la heladera el 7 de Enero y cuya solicitud no logró los resultados esperados - se sucedieron situaciones inverosímiles en mi hogar.
La primera pista me la dio Bettina, nuestra maravillosa y musical Recepcionista. Conversando cerca de la impresora, le muestro mi pantalón violeta mancillado con lavandina: La Señora tomó Venganza. Habiendo visto que luego de mes y medio seguía la misma maltrecha, herida, magullada y vapuleada Mortimer en la cocina, se habrá desarrollado la siguiente conversación en su cabeza:
"¿Esta miserable me hace lavar los platos con esta Mortimer de mierda? Ya vas a ver, enana malparida".
Y fue así como el pasado Lunes me vestí dormida, me coloqué mi perfectamente planchado pantalón violeta, lo combiné con mi camisa lila y me fui a trabajar. Al llegar a la oficina, me miro. Y Bettina me dice: "Es la venganza de La Señora!". Y se ríe. Yo me quedo pensando. ¡No se me había ocurrido! Lo interesante de la situación, es que La Señora se hizo la gila olímpicamente habiéndolo planchado y colgado en la percha, sin decir ni mú. Ooooobvioooo... ¿qué otra cosa podría esperar? Son defectos de la profesión.
Gracias, Señora, porque ese pantalón me quedaba para el ojete. Sólo de ese modo podría haberme deshecho de él. Me hizo un favor.
Sin embargo, la estocada final llegó la semana siguiente: sin preaviso dejó de venir. No me llamó, no me dejó una carta, no se despidió con un beso. Me abandonó en silencio. Fue consecuente con nuestra guerra silenciosa que llevaba más de dos años. Lo que en silencio comienza, en silencio acaba.
Nunca quedó claro si su deserción fue por La Mortimer malhabida o por otros motivos. La explicación oficial es que encontró mejores rumbos en los brazos de su nietita de 4 meses, a quien cuidará a diario a partir de ahora. 
Y aquí estoy, planchando con la plancha a vapor que vomita agua por doquier por no haber aprendido a usarla nunca jamás.
Y La Mortimer? Allí sigue, como el 7 de Enero, con un agujero y lavando perfectamente. Una vez más, YO GANÉ (¿?).