viernes, 27 de diciembre de 2013

Las Citas: Un Mal ¿Necesario?

Quiero hablar de un tema que nos afecta a todos por igual, sin importar raza, religión, orientación sexual, nacionalidad. Seas mina o tipo, te gusten ellos o ellas, las citas son un mal que sufrimos todos por igual.
Es que en nuestra época ya no conocemos al objeto de deseo por un medio digamos “normal” como el supermercado, la biblioteca, la facultad, el gimnasio. No. Hoy todo se ha virtualizado. Tenemos match.com o el programita pedorro de Facebook para encontrar pareja. Hasta hay encuentros para moishes en delacole.com donde te describís usando adjetivos que desconocés y que jamás te describirían y ponés tu mejor foto que no te identifica para nada y te olvidás que el otro hace exactamente lo mismo. Y luego hacés lo que se llama “Window Shopping” o “Mirar Vidrieras” en criollo: pasás una a una las fotos de los postulantes hasta que ves una que te gusta. Tal vez la descripción no se ajusta a lo que buscás pero mientras esté fuerte, palo y a la bolsa.

A la hora del encuentro, esperás un Adonis y resulta que es petiso, orejudo y con acné. Ella tiene rollos y se viste como un matambre, pero según la foto que te mandó de hace 15 años atrás cuando estaba en la playa Chapadmalal, era un minón y por eso la elegiste.¡Los minones no buscan novio en internet, gil!

La cuestión es que se perdió lo natural. Ya no fluye el amor, ¿entendés? El encuentro es rígido como profesora de matemáticas, y te encontrás en una típica cita a ciegas con NN a tomar un café donde cara a cara no te queda otra que dibujarla, tratar de parecerte lo más posible a tu descripción y sacar tema. Un tema atrás del otro. No importa de qué hablar, lo importante es que no caigan en ese pozo silencioso en el que se miran a los ojos y piensan “¿qué mierda estoy haciendo? La estaría pasando mejor en casa viendo una peli con helado”. No digas que no te pasó.

Hablando de las clases de mujeres y hombres que buscan pareja en internet – y esto no es discriminatorio pues yo he sido miembro activo durante unos cuantos años – tenemos algunas categorías:
    1. Tímidos: estos son especímenes dignos de ser observados. Si no formás parte de la cita, los ves a medio metro y te das cuenta que no se conocen. Y si tenés la oportunidad de escuchar, te hacés una festichola. Sus miradas son furtivas, hablan en voz muy bajita, son demasiado amables entre ellos. Probablemente el muchacho sea virgen (ella también) y la falta de experiencia se huele a 10 cuadras. Son tiernos… ¿No te dan ganas de darles una manito y hacer de chaperón?
    2. Se les fue el tren: se concentraron en sus laburos/carreras, ganan bien, se sienten cómodos con quiénes son profesionalmente pero sólo tienen eso: un laburo que paga bien. Pasaron los 40 ó están al borde, buscan alguien con quien estar y los candidatos no son los mejores del mercado. Ellas se encuentran con pelados-regordetes-con-cero-sex-appeal y ellos se encuentran con señora-pintada-como-una-puerta-que-no-para-de-hablar-de-sus-sobrinos. Recomiendo que tengan paciencia o no la ponen más.
    3. No te mataría arreglarte: ellos van al primer encuentro en joginetta (me pasó personalmente) porque se creen que lo que importa es lo de adentro. ¡No señores! Al principio a las mujeres lo único que nos importa es que el señor nos caliente. ¡Sin caliente no hay amor! Y a los hombres también. ¿O me van a decir que si se encuentran con la mejor mujer del mundo pero en chancletas y con las tetas Adelaidas (cáidas), le van a entrar igual? No seamos hipócritas, eh. Después nos fijamos en el interior, que para eso hay tiempo. Y con el tiempo, el interior ya deja de gustar pero al menos tenemos un exterior al que tenemos ganas de seguir entrándole. Además, nosotras vamos lindas, nos maquillamos, nos perfumamos, tal vez sufrimos la noche con unos taquitos, ¿y vos te presentás así de cuerpito gentil como si tu facha fuera todo y la pilcha no importara? Estás muy equivocado, mister.
    4. Adolescentes: no tienen idea cómo es esto de las citas online y creen que se van a encontrar con su almita gemela con quien tendrán su debut sexual, se casarán y tendrán hijitos. Resulta que van y juegan a los jueguitos de los shoppings y se dan cuenta que no tienen idea qué deben hacer a continuación porque él no tiene un mango partido por la mitad así que un helado y a la plaza. Mejor salir con la compañerita de escritorio, ¿no?
    5. Los de autoestima por el piso: nunca consiguieron pareja porque se creen poca cosa o no dignos de ser amados. La terapia no les surtió efecto, y eso que invirtieron unos cuantos morlacos. Buscan bodoques/batracios/lagartos online porque creen que es lo único que pueden merecer. Pero comerse un lagarto no es tarea fácil entonces desisten tras el encuentro en la vida real. Sólo entonces aparecen indicios de amor propio. Desisten pero por un tiempo. Y luego a la carrera otra vez, ¡a perseguir batracios!
    6. El “no tengo un mango”: ellos son buena gente pero sus trabajos no les permiten pagar por una buena cita y eligen mujeres muy exigentes a las que no les va ni un poco tomar un café de filtro en McDonalds. Van con su Jean marca COTO y su camisa marca Easy y reciben una primera mirada de decepción que automáticamente, se la baja. ¡Mujeres materialistas conchudas!
      Hay más, tal vez para una segunda nota, pero prosigamos con la parte que me interesa: la cita per se.
      No importa dónde y cómo se encuentran pero asumiendo que no se aborrecen al instante, van a por unos tragos o una cena, la conversación incómoda de la ocasión: “¿Tenés hermanos? ¿De qué trabajás? ¿Y qué hacés los fines de semana?” Todas esas preguntas introductorias pelotudas cuyas respuestas le interesan realmente A  NADIE, pero alguien tiene que hacerlas. (¿Si?). Como mínimo debemos ofrecer una hora de nuestro tiempo, aunque en el primer segundo del encuentro ya sabemos para dónde va la cosa porque "la primera impresión es lo que cuenta". Menos que una hora es falta de respeto y más, si ya sabés que no te gusta, es ser muy pelotudo y no apreciar tu tiempo.

      Hablando de desenlaces, a continuación ofrezco situaciones posibles y pensamientos que nos hacemos ambos sexos en cada escenario, a saber:
        1. Momento del pago – Pensamiento femenino: “¿amago con la billetera? Si amago, le estoy dando a entender que yo voy a pagar. ¿Quiero dar ese mensaje? Porque yo creo que el hombre debe pagar, pero tampoco quiero que crea que soy una miserable. Pero soy una mujer independiente y no quiero que crea que quiero ser una mantenida. Uy, mierda, ya pagó. Quedé para el culo. ¿No? Bueno, no sé. ¡Ay... seguro no me llama más! ¡Soy una boluda! ¡Tendría que haber amagado!”. Fuera de joda, señores, somos así. En medio segundo nos hicimos toda una novela.
        2. Momento del pago – Pensamiento masculino: “la mina es un batracio, no me la curto ni con 5 forros, así que más le vale que saque la billetera porque yo a ésta no le pago ni la Coca”. 
        3. Momento del pago en época de crisis económica – Pensamiento masculino: “La traje a este lugar romántico, con velas como les gusta a ellas. No le va a importar que pague con un Groupon. La pensé re bien, soy un capo”. ¿En serio, boludo, te creés eso?
        4. Momento del pago en época de crisis económica – Pensamiento femenino: “¡Naaaaaaaaaaa… no te puedo creer que paga con un Groupon! ¡Esto me la re seca! Más vale que me lleve a mi casa en este mismo instante. La cita se terminó acá. ¡Sólo a mí me pasan estas cosas!”
        5. Me gustó, ¿Y ahora qué hago? – Pensamiento femenino: “Hay onda. Yo lo noto. Una mujer sabe. ¿Le doy un beso o va a pensar que soy rapidita? Ni hablar si lo invito a casa. ¡Ay, no sé qué hacer! Si lo invito y acepta, ¿quedo como muy puta si saco el forro del cajón? ¿Me depilé? Ay, no me acuerdo si me puse la bombacha deshilachada...”
        6. Me gustó, ¿Y ahora qué hago? – Pensamiento masculino: “Está muerta por mí. ¡La tengo a mis pies, soy irresistible, man! Si me la transo ahora va a creer que estoy desesperado. Mejor la hago rogar y espero una semana antes de llamarla. O tal vez mejor la llevo a un telo. Si se hace la muertita, se termina acá”.
        7. El acompañamiento al hogar – Pensamiento femenino: “Si no me acompaña a casa, es un grasa. Si nos tomamos bondi, es un grasa. Yo no llegué a esta edad para viajar en colectivo” o en su defecto “Ay, espero que no me sugiera acompañarme a casa porque no me gustó ni un poco y no quiero arriesgarme a que me quiera dar un beso. Mejor me tomo un taxi rápido”.
        8. El acompañamiento al hogar – Pensamiento masculino: “Bueno, la voy a tener que llevar a su casa aunque viva en Morón. Me voy a gastar medio sueldo en taxi ida y vuelta. Más vale que me invite a su casa y garchemos para que valga la pena el gasto. Pagué la cena, lo mínimo que puede hacer es darme un polvo/pete”.
          Hasta acá más o menos es lo que ocurre, detalle más, detalle menos, en una cita a ciegas. Sin embargo, permítanme hablar de una situación que requiere un apartado:El Beso. Hay que tener un poco de comprensión para los caballeros porque nosotras no somos las únicas que sufrimos esta situación. 
          Este es un momento bisagra en sus vidas. Sudan y todo, ¿entendés? Es difícil ser macho en este momento. El muchacho tiene dos opciones: se tira a la pileta y se abalanza cual bestia hacia su presa o la hace bien de galán y espera a que su presa lo aprese a él. Muy pocos hombres son capaces de comprender esta diferencia sutil y sus implicancias en el desarrollo de lo que queda de cita. En la mayoría de los casos tratan de zamparte un beso adentro del auto, donde no tenés más escapatoria que darte el cachete contra el vidrio de la ventanilla, si es que querés esquivar el intercambio de fluidos. Mujer, te doy un consejo útil: ni bien te subas al auto, abrí la ventanilla, al menos podrás escapar unos centímetros hacia afuera. ¡No, muchachos! ¡En el auto, no! Hay lugares más apropiados y caballerescos para realizar este acto íntimo. No es cuestión de tirar un beso y ver si la otra agarra viaje. Además, por favor les pido, cuiden el aliento, ¿ok? No sé, llevate el Colgate a la cita y cepillate después de la cena o de la birra. No hay peor aliento que el de un hombre que tomó cerveza o se fumó unos puchos. Besos con gusto a pasto no les gustan ni a las vacas, ¿estamos? Y otra cosa, llegados al umbral del hogar, el zaguán digamos, el porche, la entrada, la puerta del edificio, presten atención si tenemos las llaves en la mano. En ese caso, saluden con un beso en la mejilla y todos amigos. Esa es una excelente señal que damos las mujeres cuando NO queremos ser besadas. ¿Por qué la ignoran? Si queremos que nos besen, jugaremos con nuestro cabello, mantendremos las manos ocupadas buscando las llaves o haciendo cualquier cosa con tal de extender los minutos del encuentro. Y allí sí, entonces, ¡lárguense con el beso, muchachos! ¡A la carga con tutti! Ojito con la lengua, eh. Que nuestra cara no es un chupetín, no hace falta que le pases un lengüetazo a toda la jeta.

          Y usemos el lenguaje universal encriptado, para estar a tono con la cita cibernética: “Nos hablamos” significa que NO nos van a llamar, chicas. A ver cuándo lo entienden.
            

          jueves, 20 de septiembre de 2012

          Mi primera vez en un casting


          Abril de 2003. Edad: 26 años. Grande y boluda.

          Llegué a una sala de ensayo con puerta al exterior medio rara. Zona Once, llena de muchachos corpulentos que me decían guarangadas irrepetibles. Me dio cagazo así que pregunté a los vecinos si era confiable meterme ahí o si me iban a atacar. Por consejo vecinal y con más tranquilidad, me adentré.
          Me saluda señor vejete, aprox 60 abriles (MUY mal llevados), con dientes postizos y pastita de comida que le quedó metida entre los dientes. Asco. 

          Me saluda. Yo extiendo la mano, él me da el cachete. Le tuve que dar un beso. Ya saben lo que pienso de los besos mojados en cachete: ¡no me gusta que me dejen salivita en mi mejilla! 
          Acto seguido, me entrega el guión: dos personajes femeninos, muchachitas de 16 años alumnitas de colegio, y un profesor. ¿Quién es el profesor? ¡Sí! Muy bien, el señor de los dientes postizos. Argumento: las dos pibas son amigas, el profe está metido en la magia negra y en uno de los momentos viola a una de las alumnas.
          - Claro que se filma de la cintura para arriba porque si no, el profesor, o sea yo, tiene que estar sin pantalones y (bla bla bla bla) sería incómodo para la actriz y (bla bla bla) - yo seguía viendo la pastita entre los dientes...
          Entonces le pregunto:
          - ¿Cómo es la escena en que somete a la chica? - Porque así decía el guión: "el profesor somete a la alumna".
          Y el tipo, lo más natural me dice: - El profesor agarra a la chica por la camisa, la arrastra por el piso, la sube a la cama, le separa las piernas y cuando él llega al orgasmo, como que quema a la chica por dentro y la chica desaparece.
          Mientras el vejestorio hablaba, yo me imaginaba siendo arrastrada por el piso y abierta de gambas por este hombre. Ay, Dios... yo me meto en cada una...
          El guión era una verdadera cagada, pero yo era una Chica Bien y no daba decírselo. En cambio, le dije:
          - Es interesante el guión, no me imaginé una cosa tan esotérica... de todas maneras yo recién empiezo y no quiero meterme en algo tan comprometido como una violación. 

          Respuesta: - Ah, bueno. (marcado dejo de decepción).
          En fin... el tipo me dice: 

          - Bueno, yo te voy a hacer una pruebita de actuación.
          Me extiende una camisa blanca con una corbata de colegiala y me dice:

          - ¿Te podés poner esto?
          - Pero mire que no hago el papel de Victoria - la violada -
          - No, ya sé.
          Me saqué mi saquito negro, y sobre mi remerita blanca me calcé la ropa (no me iba a poner su camisa transparente sobre mi corpiño). Pruebas van, pruebas vienen, tuve que improvisar con el viejo verde. CREO que en un momento me rozó una lola, pero no me queda claro.
          Me filmó con la cámara y luces super copadas y dijo "¡acción!" y "¡corte!" varias veces. ¡Se la re creía el man! 

          Al final de todo me pregunta: 
          - ¿Y a vos qué clase de personajes te gustaría hacer?
          - Por ahora, algo tranquilo pero no tan comprometido como una violación.

          Y luego, amigos, luego me hace LA pregunta:
          - ¿Y besos?
          ¡¡¡OH MY FUCKING GODDDDD!!! ¡¡¡¡El viejo choto usa los castings para apretarse minitas!!!! Y mi respuesta fue lacónica:
          - Depende con quién - como diciendo: a vos no te beso ni en pedo.
          Antes de irme me pidió que le recomendara alguna actriz que quisiera hacer el papel de la violada porque nadie quiere (¿¡te preguntaste por qué, viejo hijo de tu madre???!!!)
          Conclusión: el viejo se hizo la gran fantasía de curtirse a una colegiala, con uniforme y todo. Me grabó con su camarita y seguro verá la escena una y otra vez en la soledad de su hogar... Imaginen el resto ustedes.
          Por un bueeeeeeeeen tiempo, no voy más a castings.





          lunes, 17 de septiembre de 2012

          La mujer como amiga: una conchuda


          Cuando Dios creó al hombre y se dio cuenta de que se aburría allí solito en el Paraíso, no se le ocurrió mejor idea que crear a la Mujer para su entretenimiento. Para ello, le quitó al hombre una costilla, y se la puso a Eva. Mi teoría ultra top científica es: esa costilla maldita, es la espina de la mala amistad. Y por eso, en mi teoría, la mujer no tiene en su naturaleza el don del amor amistoso. Pensemos si no, en los hombres: ellos cosechan y cosechan amigos: los tienen de la infancia, del barrio, la escuela, la universidad, la vida, el fútbol, la barra de los domingos, los amigos de la vida, etc. Nosotras, las mujeres, tenemos 3 amigas. Y son todas unas conchudas. Esos momentos en que me demuestran su más vil naturaleza, es cuando deseo haber nacido varón.
          Para más referencia, elaboré un decálogo de características femeninas relacionadas con la amistad y una guía de consejos al final de cada una:

          # 1- La envidiosa: nunca te apoya un proyecto, un éxito, un logro. Contarle que estás de novia es prácticamente clavarle un puñal en las entrañas. Ella intenta felicitarte, pero su rictus muestra claramente que está sufriendo. El entusiasmo en su voz cuando te felicita, suena igual que cuando te dice “tengo diarrea”. Siempre pisa tu margarita antes que aflore de la tierra, le resulta imposible alegrarse por la alegría ajena porque no conoce ese sentimiento. Las amistades – no amigas – te dan más apoyo y compañía en tus proyectos, que esta amiga. Consejo: con ella, podés compartir tus tristezas y tus miserias, para ello, es la amiga indicada porque te aconseja con placer y gozo. Ella es feliz cuando vos estás pasando tu peor momento.

          # 2-  La rencorosa: mi memoria nunca fue mi fuerte. Yo hago, digo y olvido. Mi cerebrito no está capacitado para retener ningún tipo de información y todo mi entorno lo sabe. Sin embargo, el común de las mujeres llevan un contador natural, biológico, alojado en el más recóndito espacio de su ser. Ellas se acuerdan cuando usaste el mismo color de lápiz de labio en la fiesta de Fulano y no te lo perdona, te lo reprocha catorce años después como si tal cosa. No estamos hablando de un reclamo digno por haberle robado el novio, no. Se trata de las cosas más nimias: una mirada fuera de lugar, un comentario poco afortunado, una opinión en contrario. Ella lleva la cuenta en su mediocre libretita mental. No existe el perdón ni el olvido. Porque al final de cuentas, las amigas son para eso (ellas creen): para reclamarse errores toda la vida. Consejo: hagas lo que hagas, siempre encontrará el lado negativo para poder reclamarte algo después. Entonces… ¡portate bien!  (Yo, en tu caso, la mando a volar).

          # 3 – La fanática de El Falo (con mayúscula): mientras está sola y soltera, es la mejor amiga que podés tener. Todos los momentos de tu vida, ella los comparte con gusto, así sean tristes o alegres. Pero en cuanto se encuentra con El Falo, olvidala. Si te llama para tu cumpleaños, considerate afortunada. Los pocos encuentros y conversaciones que tendrás a partir de ese momento, serán todos relacionados con El Falo. Guay con decirle “¡che, qué borrada estás!” porque se te viene una catarata de respuestas en mal tono, sin ningún tipo de reconocimiento del tema. Eso sí: en cuanto se separe de El Falo, es toda tuya otra vez. Consejo: aprovechala cuando esté soltera.

          # 4 – La loca de mierda: esta amiga es la más inofensiva de todas, a mi entender. Puede tener, como no, muchos atributos maravillosos pero en cuanto decís “MU” te caga a gritos. No importa el motivo de la discusión, ni el lugar mucho menos, ella se despacha con todos sus pulmones y sus argumentos, con una velocidad y caudal de voz sin parangón. Pero después se le pasa y todo vuelve a la normalidad. Consejo: llevá siempre tapones de algodón, contá hasta 10 y poné en práctica lo que no puede la del # 2: ejercé el perdón.

          # 5 – La passive agressive: ella nunca te va a criticar... ABIERTAMENTE. No, abiertamente jamás. Pero siempre en sus comentarios hay un pequeño basureito, muchas veces indetectable. Estas minas eligen amigas con poca autoestima, para destruirles el resto que les queda y así manejarlas a su antojo. Comentarios del tipo “¡qué buenos esos cursitos que estás haciendo, seguro te van a re ayudar!”. ¿Se entiende? Consejo: mandala bien a la mierda. Estas conchudas no tienen arreglo.

          # 6 – La Fayuta: ella te hace creer que es tu amiga, pero te falla en los encuentros, nunca está cuando debe sino cuando le conviene. Si de casualidad está ahí, justo cuando la necesitás, se disfraza de amiga y hasta puede llegar a ser afectuosa. Pero en cuanto requiere hacer un mínimo esfuerzo, desaparece como por arte de magia. Es hábil para hacerlo con disimulo y nunca confronta situaciones. Es una de las más jodidas de todas, porque te hace creer cariño y te lo quita cuando más lo precisás. También conocida como falsa, trucha, mentirosa, embaucadora, estafadora emocional y mucho más. Consejo: si sospechás que tenés una cerca, hacele una prueba: pedile que te acompañe mientras cuidás a tu sobrinito hiperactivo un sábado a la noche.

          # 7 – La chusma saca cuero: a ella le encanta mirar los programas de chismes del espectáculo y aplica lo que aprende en su vida real: te saca el cuero con su madre, sus amigas, su novio y después te encuentra en un cumpleaños y está todo bien. Mientras los otros saben todas tus miserias y lo mal que te quiere tu amiga, ella se pone a conversar con vos al mismo tiempo que le saca el cuero a todos los otros giles que la escucharon hablar mal de vos. Nadie está a salvo. Consejo: no tengas amistades en común con ella, siempre quedarás mal parada: ella no tiene piedad.

          # 8 – La jodida a la distancia: ella vive en la loma del kinoto, pero igual se las ingenia para tratarte mal. La llamás y no contesta. Le dejás mensaje, y no responde. A miles de kilómetros de distancia, ella sabe cómo hacerse la difícil. Ella espera de vos todo lo que ella no está dispuesta a dar. Con la diferencia horaria, vos estás disponible para ella a cualquier hora para escucharle sus pesares. Pero en cuanto no te necesita, la jodida a la distancia se olvida de vos. No hay skype ni MSN que valga: de pronto no la ves conectada nunca más y te responde los emails a cuentagotas, como si fuera la Presidenta de Timbuktú. Puede ser que Un Falo se atraviese por su vida, pero como la # 3: en cuanto lo pierda, vuelve. Consejo: mantenela lejos, pero no sólo geográficamente hablando.

          # 9 – La competidora: ¿estabas esperando ésta, no? Ésta, señoras y señores, es la más jodida de todas, a mi humilde entender. Ella es brillante, ella es la más linda, la más inteligente, la más sexy, la más TODO. Ella siempre tiene razón, incluso en los temas que desconoce, porque vamos… ¡ella sabe de todo! A ella le queda mejor la ropa, su novio es mejor que el tuyo, sus hijos son más buenos y hermosos que los tuyos, sus brownies son más ricos y esponjosos que los tuyos. Ella hace todo excelente, y vos… rozás lo meramente “aceptable”. Consejo: no pierdas tus energías en discutir ni en argumentar tu pensamiento, ella siempre tendrá la última palabra. Dejala hablar, y mentalmente hacé la lista del supermercado.

          # 10 – La egocéntrica: ella cree que la vida de todos gira alrededor de ella. Lo primero que piensa cuando le contás algo, es cómo va a impactar ese cambio en su vida. Si no la llamaste cuando habían acordado, piensa que tenés un problema con ella o que algo te pasa con ella. No se le ocurre que se te pudo haber cortado el teléfono o que simplemente, te olvidaste. No. Todo lo que vos hacés o dejás de hacer tiene que ver, indefectiblemente, con ella. Ella es quien, en este preciso momento, está pensando que todo lo que escribo, es por ella. Y sólo en esta oportunidad, tiene razón.

          Aclaración: varias características pueden coexistir en una misma amiga conchuda. En ese caso, ¡huye, huye para no volver!







          sábado, 4 de agosto de 2012

          ¿Ciudad Paranoica o Paranoica en la Ciudad?

          Más y más de mis fobias…
          Aunque esta nota suene a mala onda, hay una cuota de humor en las situaciones que a diario padecemos los que vivimos en las grandes ciudades donde la “sensación de inseguridad” es una realidad concreta. Y si yo puedo reirme de mis propias desgracias, ¡vos también!
          Escena #1- La persecuta: Estoy en mi departamentito. Suena el timbre. Desde el portero eléctrico  se anuncia mi madre. Unos pisos después toca el timbre a mi puerta. Y yo acostumbrada a estar con el culo en la mano por miedo a los chorros, miro por la mirilla. ¿Soy o me hago? Pero más importante que esa pregunta, es: si veo a mi vieja encañonada por un extraño, ¿le abro la puerta? Realmente me da miedo mi propia respuesta.
          Escena #2- La persecuta 2: Todo extraño que camina por la calle, en el supermercado, colectivo, subte, restaurant y etcétera, es un potencial asesino, violador, ladrón o secuestrador para trata de blancas. No es joda. No exagero. A todos los miro con cara de pocos amigos. Todos son unos soretes delincuentes que solo están allí para cagarme la vida y mi paz. ¡Vos también! ¿Me preguntás la hora en la calle? ¡Andate a la mierda, chorro asesino! ¿Una señora de 95 años desdentada me pide un peso para el bondi? ¡Váyase a cagar, robadora de órganos! En esta ciudad un nenito de 5 años puede tener una sevillana en el bolsillo mientras te hace el entre pidiéndote que le compres una Cindor. ¡Estos pibitos son Billy The kid
          Escena #3- Facilitando el delito: Otra cosa que trajo la tecnología, a la que ya saben repudio con todo mi ser, es la distracción vía mensaje de texto, feibu y twitter. No sólo ostentamos nuestros Smartphones en la calle y medios de transporte sino que además nos exponemos a un secuestro express por estar boludeando con un mensajito de texto: “Llego a ksa y t parto como a 1 keso” ¡y ñácate! En medio segundo estás adentro de una combi blanca con destino a un prostíbulo en Salta, vestida con portaligas de encaje rojo. Y no creas que por ser varón no te puede pasar.
          Escena #4- Los pendejos presos: yo salgo a pasear con mi sobrina y la paso para el ojete. Es la verdad. Estoy todo el tiempo mirando para todos los costados, por miedo a que me la roben. La plaza es un espacio absolutamente propicio para que te secuestren al pibe. Ni hablar del shopping un domingo a las 4 de la tarde en plenas vacaciones de invierno. Yo la llevo con correa de perro. Falta que le cuelgue la chapita con el nombre y mis datos para su devolución, y se convierte en mi mascota perfecta. En la calle me miran con cara de culo, como si fuera una tía maltratadora, pero a mí no me roban a la nena. ¿Tenés un problema con esto? Llamá al 0800-CHUPALA. Te atiende Candela.
          Escena #5- Infelices serán mis hijos: yo pienso que la edad apropiada para dejar que mis futuros hijos caminen solos por la calle, es 25. Sí, es que hoy día tener hijos en esta ciudad es autocondenarse a una cadena perpetua de 25 años de llevarlos y traerlos a todas partes. “No recibas golosinas de extraños”, “no hables con desconocidos”, “no me sueltes la mano al cruzar”, “no mires a ese señor a los ojos”, etc. O sea... no pueden viajar en bondi ni en remisse, mucho menos ir solos en bici al colegio porque hay extraños en todas partes. Y ni te digo lo que me cuesta pensar en dejar a mis futuros pibes con una maestra, porque en definitiva, es una perfecta extraña que puede desaparecer con ellos en un santiamén. Es muy probable que mis hijos estudien en mi casa conmigo.
          Escena #6- Seductor con terceras intenciones: un mushasho me mira, sé que tiene segundas intenciones  y eso quiero! Le sigo el juego, miradita va, sacudidita de pelo viene, me trae un trago, lo acepto, charlamos, chapamos y me dice de ir a su casa… me siento medio pelotuda pero pienso que es el éxtasis de conseguir un tipo que por fin me dé bola. E inmediatamente me espabilo y pienso "este tipo me puso una droga en el trago y mañana puedo despertarme en su bañera con un riñón menos". Por eso estoy soltera, lo sé. Pero es que todo hoy es un peligro, y más si siempre tu idische mame te advierte por teléfono de las nuevas prácticas delincuentes producto de un levante mal hecho. Ésta es una ciudad de locos y todo puede ocurrir. Mejor me hago monja, que sin dudas en el convento encuentro sexo seguro con el curita.
          Escena #7- Los temores que transmite el feibuk:
          • No te sientes en el cine porque los chorros dejan agujas infectadas con hiv. Ok, compro la entrada y me siento en la escalera con mis anteojos 3D y el balde de pochoclo. Super normal.
          • No aceptes volantes de la calle porque contienen sustancias venenosas que al contacto con tu piel, te dejan inconsciente y te despertás en China.
          • No viajes en subte porque un extraño tocó a una chica con sustancia que provoca desmayos y se hizo pasar por su novio y la secuestró (ésta en realidad me la transmitió mi hermana-actual idische mame de sus hijos).
          • No lleves la basura al container porque un chorro sale de adentro y te roba las zapatillas.
          • No vayas a la facultad de psicología porque allí secuestran mujeres para prostituirlas.
          • No le abras al chabón del delivery de pizza porque entra a tu casa y te empoma.
          • No tengas sexo con extraños porque pinchan el forro en el baño y te embarazan de prepo y andá saber qué sputza te contagian.
          De todo esto, concluyo: no hay que usar celulares-ni tener hijos-ni salir a trabajar-ni pedir delivery-ni ir al cine-ni sacar la basura-ni estudiar-ni levantarte un tipo en la calle-ni tener sexo casual. ¡Me cago en la Gran Ciudad!

          PD: La escena #6 es absolutamente ficticia.



          domingo, 1 de julio de 2012

          Vecinos Fucki Fucki

          Cuando me mudé al departamento donde vivo ahora, tuve toda serie de problemas relacionados con ruidos molestos: criadero de perros frente a la ventana de mi habitación, vecinos sexuales muy activos y otros etcéteras. Que soy una loca de mierda ya ha sido absolutamente demostrado y vivir conmigo misma no es tarea fácil. El tic tac del reloj me molesta y en mi habitación hay todo tipo de cartoncitos negros pegados sobre luces de videocaseteras y demás aparatos electrónicos. Básicamente el mensaje es: No te atrevas a meterte con mi buen dormir.

          Un par de años atrás mis vecinos cincuentones se atrevieron. Él, abogado en lo penal. Ella, ama de casa, supongo. Mañaneros los señores, solían realizar su actividad amatoria los fines de semana y feriados. Serían silenciosos pues de sus cuerdas vocales nunca tuve ni noticias. Pero sí de sus muebles. Un buen vecino prevé estas situaciones y se arma de herramientas para que sus polvos pasen inadvertidos. Pero mis vecinos, no. Feriados a las 6 de la madrugada y domingos a las 7 am mi buen dormir se veía alterado por el rechinar de sus muebles sobre mi techo. No provistos de alfombras, el ruido era inevitable. Para que me comprendan, aquí un video con los sonidos (noten cómo va cambiando el ritmo y velocidad, a medida que la actividad amatoria llega a su fin):
          video

          Esta tortura duró varias semanas. Yo intenté resolver el problema: en pleno invierno encendía el aire acondicionado para tapar los ruidos, muriéndome de frío, pero sin resultados. Les comenté amablemente el problema aunque no pareció importarles. ¿Ah, no? ¡La guerra está declarada! A cada hora que comenzaban los ruidos, yo los llamaba por teléfono. 4 de la madrugada, 6 de la mañana, 12 de la noche: ¡con mi buen dormir no se jode! Yo lo advertí. No importaba la hora, me enfundaba con mi teléfono inalámbrico y con mi mejor voz de dormida les decía: “Hola, habla su vecina de abajo. ¿Pueden terminar con los ruidos por favor?” Ellos interrumpían mi buen dormir, yo interrumpía su buen curtir.
          Hasta que una tardecita tuvimos la siguiente conversación telefónica:

          Yo: este problema se resolvería perfectamente si pusieran unas felpitas en las patas de la cama. ¡Ustedes me hacen partícipe de su vida sexual! (yo siempre tan conciliadora y directa)
          Vecino: Pero yo hago despacito para no molestarte…

          Ante esa respuesta, me quedé muda (lo cual no es tarea fácil). Unos días después, el tema se había resuelto. YO GANÉ LA GUERRA.

          Pero pasaron 3 ó 4 años y los ruidos volvieron. En el ascensor, tuvimos esta conversación la semana pasada:
          Yo: Yo: ¡Uy! Justo quería hablar con usted... no sé cómo decirle pero me rechina el techo cuando hay movimiento en su piso.
          Vecino: sí, es que compré unos muebles que resultaron malos, los voy a cambiar. Pero no se mueven por actividad íntima, se mueven cuando simplemente me levanto de la cama... Si a veces a las 4 am me desvelo y me levanto para trabajar y mi señora se despierta por el ruido. No te preocupes que ya voy a cambiar los muebles.

          ¿Y qué? ¿Tengo a esperar a que el señor junte el dinero para cambiar los muebles? Claramente el señor tiene problemas de próstata y a las 4 de la madrugada clavadas – siempre a la misma hora – se levanta a orinar. Y ahí empieza mi calvario. Esta semana me tuve que ir del trabajo al mediodía a dormir, porque no podía mantenerme parada. Mi jefe debe creer que soy una loca de mierda intolerante a los ruidos. Y tiene razón.

          El método Aire Acondicionado volvió a fracasar. Pero estoy en una época zen y no quise retomar la guerra telefónica. Tampoco es cuestión de que me llamen la provocadora del coitus interruptus. Entonces compré las felpitas (me costaron $ 20) y se las dejé en el picaporte de su puerta con la siguiente nota: 
          Aquí la evidencia de las felpitas con la nota en la puerta:

          Acto seguido, le toqué el timbre del portero eléctrico y le avisé:
          - Le dejé algo en el picaporte de su puerta.
          - Ah, bueno, muy amable, muy amable. Gracias, un abrazo.

          Y a los 10 segundos de avisarle, me asomé por la escalera, cual espía de la CIA y aquí la evidencia: las felpitas con la nota ya no estaban en la puerta.

          Veremos cómo duermo a partir de hoy. 
          PD: Quien esté libre de estos problemas, que tire la primera piedra.

          Nota para mis vecinos: esto es con humor y agradezco mucho, mucho, mucho su buena actitud vecina. Y perdón por interrumpirles su actividad sexual.

          lunes, 18 de junio de 2012

          Vivir solo no es pan comido - parte II

          Debido a la repercusión y gran aceptación que tuvo esta nota, es que me vi en la obligación de continuar ahondando en mis fobias y temores de vivir sola y morir en el intento. Parece que a mis lectores les gusta reirse de mí, y no me vengan con eso de que se ríen "conmigo" y no "de mí". Está bien. Este blog es para eso.
          Ya habrán leído entonces acerca de mis miedos a ser asesinada por desconocidos, morir por resbalamiento bañeril o por aspiraciones de moho o gas, decapitación por ventilador de techo o las consecuencias posteriores a mi muerte relacionadas con lo secretos que oculto en mi placard. Y si no lo leyeron, pueden hacerlo aquí.
          Ahora bien, esos no son los únicos temores que tengo, pero dado que una nota en el blog no puede extenderse demasiado, debí hacerlo breve. He aquí la parte II.

          • Comenzando con la tecnología, noche por medio me dedico a cargar mi celular. Y en contra de todas las recomendaciones (¿?) lo hago sobre mi mesita de luz. En los noticieros amarillistas, abundan los informes que indican no cargar el celular cerca de uno pues dicen que el aparato puede recalentarse y explotar. Sin embargo, siempre me da fiaca enchufarlo lejos y expongo mi propia vida en favor de la vagancia. Duermo intranquila y en medio de la noche, me resigno y lo mudo de lugar, o simplemente lo desenchufo.
          • Dentro de esta misma categoría, encontramos nuevos miedos que aparecieron con el uso de estos malditos aparatos. Debido a la vorágine en la que vivimos, algunas noches me cuesta conciliar el sueño, y por consejo de mi psicóloga, intento dormir con música relajante. Pero el parlante no me ayuda a dormir, sólo puedo hacerlo con los auriculares en mis oídos. Es que parece que sólo así la música llega directo a mi cerebro y logra calmarlo. Sí, ya sé, soy una histérica insoportable, pero muchos comparten mi mal. Y me entenderán: si me pongo los auriculares, puedo morir ahorcada con mi propio cable mientras duermo. Y me imagino luchando contra el cable, tratando de sacarlo de mi cuello, como si estuviera intentando de salir de una bolsa de red, en la oscuridad silenciosa de mi hogar. Si no utilizo los auriculares, no puedo dormir. Ésta es una paradoja muy compleja, porque tengo la solución a mi problema pero esa solución me genera uno nuevo. Entonces acomodo los cables perfectamente para evitar la muerte por ahorcamiento, pero la tensión permanente que me provoca el miedo de una posible falla en mi sistema, no me permite dormir. Tengo problemas, lo sé.
          • Continuando con las averías eléctricas, ¿quién no ha temido alguna vez morir chamuscado con la electricidad? Especialmente quienes vivimos solos, tenemos miedo de recibir una patadita del enchufe que por no interrumpirse a tiempo por efecto de un tercero golpeándonos con un palo de madera, se termine convirtiendo en electrocución mortal. Y allí quedaremos, duros, con olor a pollo quemado y hasta las cejas incendiadas con expresión de sorpresa.
            En esta categoría tenemos mucho por explotar:

            • La estufita de cuarzo. Ésta se la debo a mi vieja. En invierno, nuestro traserito sufre al ponerse en contacto en estado de total desnudez con las bajas temperaturas ambientales. Recurrir entonces a la estufita de cuarzo, parece una idea razonable. Todo perfecto cuando la enchufamos y la encendemos, pero cuando salimos de la ducha, mojados, húmedos, chorreando, sumado a todo esto el vapor en el baño... todo está propicio para la electrocución mortífera. La ducha prepara el terreno para el asesinato silencioso de la estufita de cuarzo. Siempre me pregunto: "¿debo ponerme zapatos de goma o de madera para apagar la estufa estando mojada?" Y como nunca recuerdo la respuesta, la dejo encendida 15 minutos minutos hasta que me termino de secar y vestir, y recién entonces la apago. Pero mi pelo sigue mojado, y ya saben: apagar la estufa es una aventura disfrazada de muerte.
            • El caloventor: cada noche de frío que va mi sobrina a dormir a mi casa, enciendo el caloventor para que duerma calentita. Ese es un amigo de doble cara: por un lado, nos da calor y por otro, nos provoca maldormir y pesadillas. Es que si bien tiene termostato, no deja de ser un equipo eléctrico que bien puede fallar. "Puede fallar", decía el mentalista Tu-Sam. Entonces ocurre que lo enciendo y una vez por hora me despierto para ver si mi sobrina está sana y salva. Ella duerme super bien, pero yo sufro toda la noche.
            • Quiero agregar que esto de la muerte por electrocución no es un invento mío. Las estadísticas indican que en Estados Unidos en un período de 4 años, murieron 1541 personas electrocutadas. Es decir que mis temores son perfectamente bien fundados. No soy una loca de mierda simplemente. Soy una loca de mierda pero informada.
          • El baño de inmersión: aquella panacea con la que toda la gilada fantasea... Una vez metidos en el agua, es el aburrimiento total. Prevenidos de esta situación, nos acercamos un libro, pero a la hora de leerlo nos da pena que se moje. El hornito aromático y la música relajante cumplen su cometido, y ahí... ¡Zácate! Nos quedamos dormidos y morimos ahogados. ¡Ahogados por necesidad de desahogo! ¡Qué contradicción! No hay caso, en este mundo estresante, ante el intento de relajación la única salida lógica es la muerte.




          viernes, 18 de mayo de 2012

          Vivir solo no es pan comido

          A diferencia de esta nota que me tomó 3 meses de investigación, sufrimiento y recolección de pruebas (fotos y videos) ésta requirió de 9 años, 4 meses y unos cuantos días. Es que ese es el tiempo que llevo viviendo sola.
          Vivir solo no es pura joda. Aunque tiene sus beneficios como: 1) hacer zapping a la velocidad que te gusta, 2) escuchar la tele/música al volumen que se te antoja, 3) estar varios días con el pelo revuelto y en piyama, 4) no tener que preparar purecitos para bebecitos, 5) no tener que cocinarle al marido y muchos etcéteras más, vivir solo genera muchos miedos, angustias, ansiedades, cuasi fobias, espantos, aprensiones y desasosiegos.

          Además del clásico temor a morir y que me coman los gatos (como mi ídola Bridget Jones, aunque en su caso la comían perros salvajes), éstos son algunos de los temores que desarrollé al vivir sola cuando decidí irme del hogar familiar gobernado por una idische mame cuya excesiva sobreprotección resultó en la prolongación de mi período de adolescencia hasta los 26 años.




          • El período de adaptación: al principio mi único miedo – léase único – era ser invadida por desconocidos. Esto requirió de acompañante terapéutico prolongado: 24 horas y durante aproximadamente una semana, mi hermana se instaló en mi casa y el remedio fue peor que la enfermedad. Porque en este caso la convivencia ya no era impuesta por la familia sino elegida, lo que hacía una situación psi de libro y además aumentaba exponencialmente la relación perro-gato, que se tornó insoportable. Decidí vivir con el miedo y le di el olivo a mi hermana, en lugar de salir en la sección policial de los periódicos bajo el título “Cual Caín y Abel: mujer de 26 años asesina a hermana de 28”. (Nota de la escritora: puede ser que haya sido mi hermana quien decidió irse con motivo de no aguantarme más, pero esto no está muy claro en mi memoria).
          • La bañera: pasar la pierna para ingresar a la bañera es un acto de extrema peligrosidad y no es porque yo lo diga. 14 mil japoneses mueren al año en sus bañeras, esto es un hecho. Y si ellos, que son super inteligentes pueden caer en esta muerte tan pelotuda (léase “caer” literalmente), yo bien puedo hacerlo también. Pero como ´mujer precavida vale por dos´, solucioné este inconveniente comprando un pie de plástico. Pero no. El problema con el pie de plástico es que cuando lo lavás – cada tanto tenés que hacerlo, si no sos un roñoso – las sopapas no se chupan inmediatamente al piso. Si te olvidás de este hecho trascendental, de este fenómeno físico indispensable para prevenir tu deceso, es muy probable que seas víctima de muerte por resbalación efecto banana y ya muerto sigas sintiéndote un pelotudo. El segundo problema que trae el pie de plástico es que con la combinación de agua más crema de enjuague, shampú y jabón, se generan en las sopapitas inferiores unos desagradables hongos. Y eso me lleva al…
          • Miedo a morir por respiración de vapores de moho: esto ocurrió en muchos capítulos de Doctor House, como éste. Y si ocurre en la tele, es que es verdad. Además, los que siguen a las estrellas hollywoodenses sabrán que Brittany Murphy y su también famoso marido murieron por respirar moho. Y si los famosos pueden morir por respirar moho vaporizado, yo que soy famosa, también. O sea.. si A=B y B=C, entonces A=C. Elemental, Watson. Este temor sería infundado si yo no fuera famosa. Pero bueno… muy tarde para eso (guiño cómplice). 
          • El invierno: los que vivimos solos tenemos que buscar métodos alternativos para calentarnos porque… ¡vivimos solos! ¡No tenemos quién nos caliente! (no metan el dedo en la llaga). Así que cada invierno debo llamar al gasista para que destape el piloto de mis estufas que se llenan de hollín. Ninguna implicancia sexual. La cuestión es que cuando el señor se va, me pregunto si no habrá destapado demasiado los pilotos. Y durante una semana siento que me duele la cabeza, me arden los ojos y… tengo miedo de morir por inhalación de gas. Me despierto a la madrugada para asegurarme de que la llama del piloto siga encendida y termino durmiendo para el culo durante esa semana. Pero yo voy más allá de este temor a morir, y pienso que como nadie sabe el nombre de mi gasista, mi muerte quedaría impune. Entonces cada año pienso en pasarle los datos a mi vieja para que haga justicia por mi muerte, y cada año me olvido de hacerlo. Y al invierno siguiente, el mismo ritual se repite. En todos estos escenarios, yo muero antes que toda mi familia, se entiende.
          • El verano: no, no es que no hay p… que me venga bien. El invierno y también el verano tienen sus bemoles para quienes vivimos con nuestra alma. Hay momentos del verano en que el aire acondicionado es demasiado (además ahora que limpio mi propia casa porque La Señora me abandonó, vi que el Aire Acondicionado también tiene sus honguitos) entonces recurrimos al ventilador de techo. ¡Son un arma mortal, sépanlo! ¡Esas aspas asesinas pueden decapitarme en un tris! Además, no conozco al electricista que instaló los ventiladores en mi casa hace 9 años. Sería otro crimen impune perpetrado por autor desconocido y soy demasiado moishe como para llamar a uno y que haga una actualización. 
          • Cada cena, una pena: ojo con las comidas sólidas: la milanesa, el asado, un pollito o una simple lechuguita pueden ser los causantes de una muerte lenta pero segura. Entrando por el cañito equivocado, te das cuenta de que estás muriendo, ves tu vida pasar por delante de tus ojos mientras vos, como un infeliz luchás para escupir a tu verdugo. Inútil llamar al 911 porque… ¡te estás atragantando! Y así te van a encontrar tieso con una mano sosteniendo el tenedor y la otra metida en la garganta escarbando en tu campanilla, los ojos salidos cual gato Scratchy de Los Simpsons, cuando el olor a cadáver en descomposición llegue a tus vecinos. 
          • Los esqueletos de mi placard: no creo que muchos de ustedes hayan pensado en esto, eh. Creo que con esta nota estoy avivando a unos cuantos que inmediatamente después de leer se irán a destruir pruebas. Yo guardo secretos. Aunque tengo una madre judía que siempre encuentra el modo de saber todo de mí, hay cosas que guardo sólo para mí. Y sí, hay pruebas: cartas, objetos, DVDs y CDs (no, no se trata de pelis porno ni de videos hot). Son simples secretos que revelan partes de mi vida y mi personalidad que sólo unos pocos conocen. Y mi miedo es: el día que yo muera, quienes me sobrevivan vaciarán mi casa (pelearán por mi herencia, claro) y encontrarán todos mis secretos. Y hablarán mal de mí a mis espaldas. La única alternativa que me queda es, entonces, hacer como quien no quiere la cosa e ir contándolos en alguna borrachera – con total intención – o en un momento de intimidad que da para hablar justo de ese esqueletito que tengo guardado con recelo. La reacción que siempre obtengo es: “desearía no haberlo sabido”.
          Realmente soy una loca de mierda pero sólo porque tengo mucha imaginación. Yo sé que muchas personas que viven solas se van a sentir identificadas con mis temores, y van a compartir conmigo por este medio sus propios miedos y fobias. Y a partir de ese entonces, sufriré mi día a día con temores nuevos de los que antes de hoy, no sabía existían.